Mientras que los analistas políticos intentan discernir conclusiones, todo lo que los electores de Massachusetts y lo que los electores de Virginia necesitan saber acerca de los anuncios de Healey y Webb es que las palabras que citan son presentadas en contexto, y no fueron rechazadas por aquellos que las pronunciaron.
Jeff Jacoby
El mes pasado, los Republicanos de Virginia afirmaban estar sorprendidos — ¡sorprendidos! — de que el candidato Demócrata al senado James Webb, un ex Republicano que sirvió como secretario de la Marina y asistente del secretario de defensa durante la administración Reagan, difunda un anuncio en televisión mostrando una grabación del expresidente Reagan exaltando a Webb en un discurso de hace 21 años. Ahora, los Demócratas de Massachusetts están sufriendo un ataque similar en ciernes. Afirman estar escandalizados por el nuevo anuncio de Kerry Healey, candidata Republicana a la Cámara, que incluye cortes de políticos Demócratas elogiándola en una reciente ceremonia de aprobación de propuestas de ley.
Clasifique ambas quejas en: No nos de la murga. Ya es bastante agotador escuchar a políticos denunciar la “campaña negativa” cuando sus contrincantes les critican. ¿También van a rasgarse las vestiduras ahora por los cumplidos?
Las campañas de Webb y Healey han rechazado retirar los anuncios en cuestión (que pueden verse en sus respectivas páginas web). Y acertadamente. Ambos anuncios se encuentran holgadamente dentro de los límites de la publicidad no engañosa. Si alguien merece ser aleccionado son los que se quejan, por hacer tanto ruido por tan pocas nueces.
En el anuncio de Webb, Reagan aparece dirigiéndose a la promoción del 85 de la Academia Naval. “Un hombre que se sentó donde os sentáis ahora es otro miembro de nuestra administración”, dice. “El Asistente del Secretario de Defensa James Webb — el miembro más condecorado de su promoción. El valor de James como oficial de la Marina en Vietnam le granjeó la Cruz de la Marina y otras condecoraciones”.
Eso provocó la protesta del contrincante Republicano de Webb, el Senador norteamericano George Allen, así como una petición de Nancy Reagan, a través de la Fundación Presidencial Reagan, de no utilizar la grabación de 1985. “Utilizar el nombre, la imagen o el semblante del presidente implica aprobación, lo que ni es justo ni es respetuoso con ningún candidato”, rezaba la carta de la fundación.
Webb se presenta al Senado como un Demócrata pacifista, y no hay motivo para creer que Reagan habría probado su candidatura. Pero el anuncio no da a entender que lo habría hecho. Las palabras de Reagan son vistas y escuchadas en contexto, y ni siquiera a los habitantes de Virginia, a los que no podría importar menos la política, probablemente estén al tanto de que Reagan, que falleció hace dos años, no ha aprobado a nadie en las elecciones al Senado. Por otra parte, si Reagan admiraba a Webb lo bastante como para elogiar su heroísmo en tiempo de guerra y su servicio al gobierno, ¿por qué no deben saberlo los electores?
Aún más carente de mérito es la exigencia de un puñado de Demócratas de Massachusetts de que la Lugarteniente y Gobernadora Kerry Healey deseche un anuncio de televisión en el que ellos aparecen elogiando sus esfuerzos por obtener la aprobación de una nueva ley en materia de merodeadores sexuales. Uno de esos Demócratas, el Senador estatal Steven Baddour, afirma en el anuncio que Healey “merece una enorme admiración y respeto” por su trabajo en la ley — pero ahora se queja de que sus palabras “han sido retorcidas para aparentar como si estuviera apoyando a Kerry Healey, cuando en la práctica nada podría estar más lejos de la verdad”.
Pero el anuncio de Healey no retuerce nada. Sus palabras de apertura fijan el escenario con precisión: “El jueves 21 de septiembre del 2006”, anuncia el narrador, “Kerry Healey firma una histórica ley de conducta sexual impropia. Los Demócratas elogian la iniciativa de Healey”. Varios de esos Demócratas son mostrados entonces haciendo precisamente eso.
Al contrario que los comentarios de Reagan sobre Webb, los elogios de los Demócratas a Healey no fueron pronunciados hace dos décadas, sino dos semanas, en medio de una acalorada campaña a la gobernación, por parte de políticos experimentados que sabían exactamente lo que hacían. Baddour y los demás pueden afirmar apoyar al candidato Demócrata Deval Patrick, pero esa no fue la impresión que daban el 21 de septiembre. Como informaba el imparcial State House News Service ese día, el acto de aprobación de la ley “se convirtió rápidamente en un concurso por cuál Demócrata local podía prodigarse en más halagos a Healey”. Algunos de esos Demócratas incluso utilizaron la ocasión para comentar la política de izquierdas de Patrick y manifestar preocupaciones porque una victoria Demócrata pueda, en palabras de uno de ellos, “devolver a Massachusetts… a la era Mike Dukakis”.
En la práctica, tan unánime fue la aclamación a Healey ese día que algunos reporteros de la Cámara asumieron que estaban viendo el ascenso de un comité Demócratas por Healey. ¿Lo estaban? Cierto, Baddour & Co. ahora juran fidelidad públicamente a Patrick. Pero ellos son los que hicieron posible el anuncio televisivo de Healey en primer lugar, y después provocaron la suficiente controversia como para garantizarle un montón de publicidad gratuita. La idea de que nada de eso era intencionado es un poco difícil de tragar.
Mientras que los analistas políticos intentan discernir conclusiones, todo lo que los electores de Massachusetts y lo que los electores de Virginia necesitan saber acerca de los anuncios de Healey y Webb es que las palabras que citan son presentadas en contexto, y no fueron rechazadas por aquellos que las pronunciaron. Les guste o no, lo que los políticos dicen en público es del dominio público. Incluso cuando dicen algo agradable.
Jeff Jacoby es columnista de The Boston Globe.
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