Política

El escándalo del dengue en Argentina

El dengue es una enfermedad febril aguda que transmite un mosquito y que, si no se trata, puede acarrear la muerte. Aún cuando estemos en el siglo XXI y haya más estímulos para el progreso y la sanidad, esto puede constituir un problema. Pero si un país moderno –o que aspira a serlo- tiene este problema, debe reconocerlo, aislarlo y atacarlo

El Comentario
El dengue decíamos, procede de condiciones sanitarias deficientes, de lugares -digamos- con servicios precarios o contextos insalubres. Se reproduce, por ejemplo, en las aguas servidas, en zonas de desagües o en focos de contaminación. Es decir, todo un desprestigio para el que sufre el mal pero que anhela presentarse como país moderno.

Pues esto piensa Cristina. Que Argentina es un país moderno (civilizado) y que no tiene este problema. Que se trata más bien de un fenómeno aislado que no tiene que ver con la realidad sanitaria del país. Que las condiciones de higiene e infraestructura están bien, y que no existe un riesgo desproporcionado ni de contaminación ni de proliferación. Argentina, parece pensar Cristina, está eximida de estas inconveniencias.

Y esto es así (el pensamiento que atribuimos a Cristina) porque la presidenta ha ordenado al Congreso no decretar el estado de emergencia frente a la expansión de la enfermedad. Ha pedido, según pudo conocer Diario Exterior, que se priorice la imagen del país como centro de turismo mundial, y que no se entorpezca esto con precauciones inconvenientes.

Pues bien. La emergencia no fue decretada y ya hay 40.000 afectados. Los legisladores oficialistas se comportaron acostumbradamente, y negaron los argumentos que tenían preparados para sancionarla. Desdijeron sus teorías y dijeron que no era necesario dar semejante alerta.

La noticia es tan insólita que las redactores de Diario Exterior tuvieron que contactar a más fuentes de las acostumbradas para corroborar lo visto. Preguntar si esto era verdad o si se trataba de una maniobra de desprestigio contra el gobierno “popular”. Pues no. Efectivamente, Cristina envió la orden para frenar el decreto y preservar la imagen turística. Presentar una imagen de país al que no pueden pasarle estas cosas.

La imagen, como resultado, es más calamitosa que la que Cristina quería preservar. Termina siendo el caricaturesco reflejo de un gobierno que, como decimos coloquialmente, quiere tapar el sol con las manos. Pues no. El efecto es embarcar a toda la sociedad hacia una situación de riesgo que puede transformarse, por este camino, en una lamentable realidad.

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