La muerte de cientos de peregrinos chiíes revela el grado de radicalización de la sociedad iraquí.
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Jueves, 16 de julio 2026

La muerte de cientos de peregrinos chiíes revela el grado de radicalización de la sociedad iraquí.
Editorial
Diario Exterior sitúa hoy como nota principal la espantosa tragedia de Musa al-Kadem (principal mezquita chií) en la que cientos de personas, en su mayoría niños y mujeres, perdieron la vida víctimas del encierro, el aplastamiento y el ahogo de una estampida ocurrida durante una peregrinación.
Detalles aparte –como que se trató de una manifestación en la que participaban más de un millón de creyentes- los datos de la realidad estremecen de espanto. Los muertos superan los 800, y los servicios de asistencia esperan que la cifra sea aún mayor. Se trata, según informes oficiales, de la peor tragedia en los últimos treinta años del pueblo iraquí, de por sí golpeado por la opresión y el autoritarismo del antiguo régimen.
El impacto de la noticia encubre el ataque que la mezquita de al-Kadem sufrió horas antes del inicio de la procesión. El lugar fue atacado con morteros por un grupo de fundamentalistas que ocasionó la muerte de siete personas y 40 heridos. El suceso sembró desconfianza en la peregrinación pero no impidió –ahora desafortunadamente- que esta tenga lugar.
Ahora bien ¿cuál ha sido el contexto en el que esta masacre se produjo? ¿Qué inició la tragedia? Pues podríamos mencionar tres aspectos: primero, la sospecha fundada de que grupos infiltrados dieron una falsa alarma sobre la presencia de un perpetrador suicida, disparando la desesperación y la estampida humana; segundo, que el hecho tenía una significancia política, puesto que a estas horas se salda la presentación del texto constitucional; y tercero, que la gravitación del hecho religioso, sea del bando que sea, constituye el principal elemento de movilización existente en dicha sociedad. Una relación preliminar entre estos factores alcanza para fundamentar la existencia de una sociedad altamente dogmatizada y expuesta a los límites del fanatismo.
Diario Exterior pone una encuesta en la que consulta sobre la gravitación que el texto constitucional tendrá para la convivencia de la sociedad iraquí. Para la cesación de los actos de brutalidad que hoy gobiernan al país. Pues a la luz de los acontecimientos habrá que hacer un gran esfuerzo para que el texto adquiera visos de realidad. Para la sociedad iraquí el poder de la violencia y el ataque radical son –aún- más familiares que las normas de una constitución civil. En todo caso, la única ley escrita a la que se ha aludido siempre, ha sido la religiosa llevada a sus más extremas interpretaciones.
Esta nueva tragedia refleja el desgarro incesante de esta sociedad. Su falta de sosiego y su crisis terminal en cuanto a prácticas primarias de convivencia. Años y años de represión y muerte han llevado a la radicalización de la vida en comunidad y a depositar toda esperanza en el medio extra-terrenal. El padecimiento sin fin condujo a la mayoría social a buscar en la religión los justificantes de ese tormento. El resultado es una sociedad radicalizada y sin la más mínima confianza en la bondad humana. La tragedia de Musa al-Kadem es un reflejo de esta radicalidad y una muestra más del tormentoso camino que la sociedad iraquí deberá transitar para obtener la ansiada convivencia.
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