Política

El gran desafío de Merkel

Editorial
“Si no somos capaces de reducir el paro en forma significativa, entonces no merecemos ser reelegidos”, dijo el ex canciller Gerhard Schröder en un lejano mes de octubre de 1998. Ese mes el país registraba 4,2 millones de personas sin empleo y el motor económico de Europa se encontraba inmerso en una peligrosa recesión económica. Hoy el socialista Schröder le deja a Angela Merkel un país con una tasa de paro próxima al 9,5%, más de 4,4 millones de personas.

Durante la dura campaña electoral Merkel resumió los siete años de Gobierno de Schröder con una frase breve, pero cargada de veneno: “Señor canciller, usted ha fracasado en forma grandiosa. Usted pertenece al pasado”, insistió la candidata con convicción. Era el epitafio para los siete años de gobierno roji-verde – coalición del Partido Verde y lo socialdemócratas del SPD- que asumió con la promesa de cambiar la Alemania de Helmut Kohl y que fracasó de manera rotunda.

Ahora Merkel deberá conducir el país por la senda del crecimiento y el empleo, e incluso deberá aplicar reformas más audaces que las medidas recogidas en el pacto de coalición conformada por la Unión Cristianodemócrata, la Unión Socialcristiana y el Partido Socialdemócrata, a todas luces “insuficientes”, como declaró el presidente de la confederación de cooperativas de crédito (BVR), Christophetr Pleister.

En relación al pacto de la gran coalición, Merkel impulsó la disminución de medidas de protección social al trabajo y el recorte de los costos salariales, disposiciones que considera clave para estimular a las firmas alemanas a contratar trabajadores. Pero tuvo que tolerar el alza de impuestos y abandonar las esperanzas de quitarse de encima trabas gubernamentales sobre las negociaciones colectivas de trabajo.

Merkel aspira a simplificar el sistema fiscal y reducir la tasa máxima, hoy del 42 por ciento. También está de acuerdo con eliminar casi 500 excepciones fiscales, entre ellas a la paga por trabajo nocturno o al impuesto al automotor para los discapacitados. Pero a la vista de lo ajustado que resultó su triunfo, cabe preguntarse si es viable el programa de Merkel en una Alemania que se resiste al cambio ¿Resistirá políticamente su reforma quirúrgica del Estado de Bienestar?

A Schröeder tocar a la vaca sagrada de los alemanes le costó perder varias elecciones regionales y europeas consecutivas. Consciente del enorme reto que le queda por delante, Merkel juró la Constitución de su país encomendándose a la ayuda divina de Dios. La necesitará para dotar a Alemania de un auténtico impulso económico que permita al país volver a ser la locomotora de la economía europea.

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