Política

EL LENGUAJE GREENSPEAK

La principal preocupación (y ocupación) de Greenspan ha sido la relación entre la estabilidad y el crecimiento.

Roberto Salinas León
En el mundo de las finanzas, la palabra greenspeak detona ese lenguaje, ambiguo y articulado a la vez, que caracteriza el arte de comunicar mensajes sobre los aspectos más importantes del mundo monetario, hecho famoso, incluso institucionalizado como un arte básico, por la figura de Alan Greenspan.

Este idioma ha sido objeto de profundo análisis por los observadores de tendencias económicas y financieras, por críticos, por políticos, por casi todos los que se preocupan sobre la integridad del patrimonio familiar, o sea, la unidad de cuenta en una economía. El mensaje, por supuesto, varía según las circunstancias mundiales. En tiempos de auge, de la expansión económica de los 90, Greenspan hablaba de cómo los avances en la tecnología de comunicación habían permitido transformar radicalmente el mundo de las finanzas, a la misma vez que se inauguraba un episodio de productividad laboral sin antecedente para las economías desarrolladas.

La principal preocupación (y ocupación) de Greenspan ha sido la relación entre la estabilidad y el crecimiento. La política monetaria, según sus mensajes, no es una ciencia, más no debe pasar por alto su objetivo principal: procurar la estabilidad de precios en el largo-plazo. La estabilidad de precios se define, en greenspeak, como un clima donde las decisiones económicas de todos los días (cuánto ahorrar, como invertir, qué comprar y cuando pagar) no son afectadas por las expectativas futuras de inflación. Una consecuencia de la estabilidad es que los aumentos salariales se convierten una función enteramente de la productividad, no de ajustes de acuerdo a la inflación, o de caprichos sindicales.

La estabilidad monetaria también guarda un nexo importante, si bien complicado, con la estabilidad financiera. Un episodio inflacionario puede desequilibrar la estabilidad en el sistema de pagos, mientras que un desequilibrio financiero también puede desatar una crisis inflacionaria. Los flujos de inversión no reconocen fronteras, ni distancia, sólo el tipo de rendimiento que ofrece clima de inversión. A principios del milenio, este nexo entre los mundos monetario y financiero puso a la economía global en jaque, ante los fenómenos del contagio financiero. El riesgo inflacionario se diluyó, pero surgió un sustituto mucho más complejo: las burbujas financieras artificiales. El periodo 2001-2003 observó el pero ajuste en los mercados financieros en la historia del ser humano.

En este pequeño momento de la historia contemporánea, Greenspan nos invitó a considerar varios nuevos desafíos -la desinflación de burbujas potenciales, el control de la política monetaria en un mundo de alta sofisticación financiera, así como el espectro de la deflación. En una de sus aportaciones más importantes a las perplejidades semánticas del idioma greenspeak, Greenspan nos participa el papel de la incertidumbre en la ejecución de una política monetaria exitosa. No hay soluciones mágicas. Las decisiones de un banco central necesariamente se toman en base a un limitado cuerpo de conocimientos, de teorías e hipótesis que son falsificables, dentro de una curva de aprendizaje que cambia cada día, y a veces en forma radical. El dinamismo es esencia, y consecuencia, de nuestro entorno. En nuestro mundo real, nunca, nada, permanece igual.

El lema principal de Greenspan, en esta nueva coyuntura, después de su trayectoria tan rica, si bien complicada, como el banquero central del mundo, es la interpretación de la política monetaria como un ejercicio de risk-management, o sea, el manejo de escenarios y la terna búsqueda de nuevas soluciones. Tal como apuntó Ricardo Medina en su bonito artículo sobre el tema, esta misma semana, en este mismo foro, el rol de la comunicación en la ejecución de una política monetaria exitosa, que suponga el prudente manejo de todos los riesgos al alcance, es un ingrediente capital, tanto para las expectativas, como para la economía real.

En otras palabras, muy comunes al greenspeak de nuestro tiempo, un banquero central debe, en todo momento, observar dos variables capitales: las variables monetarias, y las variables de todo lo demás.

Roberto Salinas-León es Director General de Política Económica de TV Azteca en México y Académico Asociado del Cato Institute.

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