Política

El lobo rojo

El mundo está en el medio de una tormenta perfecta. Los expertos son cada vez más pesimistas y hablan de una crisis mundial que podría prolongarse más allá del 2010.

Luis Vicente León

Resulta evidente que nuestro país está envuelto en esa crisis, a pesar de las declaraciones del Presidente en el medio de su campaña electoral, retando a la racionalidad con frases como: “que me pongan el petróleo a cero y aquí no pasa nada”. La verdad es que nuestro país es hiperdependiente del mercado mundial. El primer efecto, la caída del precio del petróleo, lo estamos viendo con toda su intensidad, aunque aún no hemos percibido su impacto, porque, al menos en el corto plazo, la acumulación de reservas le permite al gobierno “surfear” la crisis, aunque con un alto riesgo si la ola se demora mucho o el gobierno actúa irracionalmente, como parece estar haciendo en su radicalización post enmienda.


Tanto si los fondos que disponen son tan grandes como ellos dicen o tan pequeños como piensa mi esposa, parece que son suficientes para evitar la crisis fiscal del 2009, pero: ¿el control de la inflación, el mantenimiento del ingreso real, el abastecimiento y las inversiones productivas se pueden comprar con la misma plata con la que pueden equilibrar las cuentas fiscales?, y ¿el año 2010 todavía puede ser surfeado sin que nos den un revolcón?


Con respecto a la primera pregunta, la respuesta es NO. Una cosa es usar reservas internacionales para paliar el problema de caja (lo que sin duda harán) y otra combatir la inflación y el desabastecimiento. Mientras más recursos usen para maquillar los desequilibrios, más inflación provocarán. Creemos que la misma podría llegar a niveles de 35% a 40%, lo que generaría una caída del nivel de ingreso real de alrededor de 7%, con impactos severos sobre el consumo.

La lucha primitiva que ha planteado el gobierno contra la inflación y el desabastecimiento tiende a tener, justo, el efecto contrario. El congelamiento de precios, la intervención de las empresas y las amenazas de expropiación con las que pretenden obligarlas a producir, contra toda racionalidad económica, traerán como consecuencia más desinversión y ausencia de productos. No es cierto que ellos pueden atender el problema directamente, primero porque no hay plata, pero mucho más importante aún, porque no tienen la capacidad para ejecutar los procesos de producción y distribución de alimentos sin amenazar dramáticamente la presencia de productos en el anaquel y, por ende, su estabilidad política.


La segunda pregunta es mucho más difícil. Lo único que sabemos es que la estabilidad del 2010 depende del precio del petróleo. Las proyecciones hechas por los principales analistas petroleros indican que el precio podría superar los 70 dólares por barril, incluso si la economía mundial se mantiene estancada, debido a los problemas de oferta de crudo. En este caso, aunque sin el esplendor del pasado, el gobierno podría tener algún margen de maniobra para estabilizarse macroeconómicamente, pero las acciones contra la producción privada tendrían efectos perversos sobre la capacidad real de recuperación de nuestra economía en el futuro. Peor aún si estas proyecciones petroleras fallan.

La respuesta de Chávez a un evento así estaría cantada: aceleraría aún más los ataques a los privados, la búsqueda de chivos expiatorios, la toma de los sistemas de producción y las violaciones a la propiedad privada. Las crisis severas dan espacios de corto plazo a los populistas extremos. Él y sus asesores lo saben perfectamente. Lejos de lo que la gente piensa, esto podría ayudar a Chávez a atornillarse primitivamente en el poder y ahí veríamos finalmente al lobo rojo en todo su esplendor. No estoy diciendo que esto vaya a pasar, pero puede que pase y sería demoledor, al menos por el tiempo que dure, que espero sea muy corto.

Fuente: Centro de Divulgación del Conocimiento Economico para la Libertad (CEDICE)

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