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Por qué insiste Chávez en el tema colombiano

“…A Chávez, prender un conflicto verbal fronterizo le permitiría matar tres pájaros de un tiro…”

Bajo mi perspectiva, los motivadores pueden ser múltiples. Algunos probablemente vinculados a desviar la atención de los problemas nacionales y otros podrían tener bases racionales, aunque la forma y el estilo presidencial no lo sea.

Partamos por analizar las hipótesis distractivas, seguramente las más relevantes: el Gobierno prende alarmas ante una caída de popularidad del Presidente. La crisis económica reciente y el incremento de la sensibilidad de la población frente a la ineficiencia del Gobierno para resolver sus problemas básicos han mermado esa variable. Chávez necesita rescatar su conexión antes de las elecciones y está aplicando un “paquete” para lograrlo.

El aumento de gasto público, el relanzamiento de las misiones y el adelanto de la campaña forman parte de esa estrategia. No es descabellado pensar que un componente complementario sea prender un conflicto verbal fronterizo con Colombia que le permita matar tres pájaros de un tiro. Por una parte, desvía el debate desde los problemas críticos. Segundo, utiliza ese conflicto como una excusa para inhabilitar al gobernador del Táchira, embarrándolo deliberadamente y, finalmente, fortalece la Bóveda de Miedo con la que busca paralizar a la sociedad.

Las demandas de investigación contra algunos líderes opositores parece caminar en ese sentido, enviando un mensaje concreto: “cualquiera que se reúna con diplomáticos colombianos o visite ese país podría ser declarado traidor a la patria”. ¡Burda de libre y democrático!

Pero hay otro conjunto de hipótesis que podrían conseguirse en el plano racional. No cabe duda que el conflicto colombiano tiene impactos aquí, especialmente en la frontera y es un tema que hereda Venezuela sin quererlo y tiene derecho a protestar. Independientemente si este gobierno ha tenido o no relaciones con los guerrilleros, lo que sería repudiable, hay una historia fronteriza más allá de Chávez que siempre ha sido foco de preocupación.

En la medida en que las relaciones entre gobiernos de ambos países se deterioran, las pasiones se desatan y las partes se hacen más sensibles; esto podría explicar parte de las reacciones recientes. Finalmente, hay un tema real. Independientemente de que las intensiones de los gobiernos americano y colombiano con sus acuerdos militares sean loables, es obvio que esto fortalece a un vecino que puede ser muy pana, pero también un potencial adversario y eso genera alarmas que se prenden. No es absurdo entonces que el Gobierno se preocupe sobre ese tema, indague y exija información, lo insólito es que lo haga como lo hace: estrambótica y primitivamente, aunque debemos entender que los perros ladran y los pollitos pían.

Nos guste o no la forma como se maneja este conflicto, hay algo concreto: el acuerdo rompe el equilibrio y las respuestas pueden formar parte del show pero también de reacciones naturales frente a un desbalance potencial de fuerzas.

Finalmente, no tengo ni idea si las acusaciones mutuas de espionaje son ciertas o no y si los asesinatos del Táchira tienen responsables en uno u otro bando, pero lo que sí sé es que los malandros no suelen estar de un solo lado.


Fuente: CEDICE

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