Política

Glug, glug, glug…

“…Chávez se radicaliza. La gente lo quiere a él pero no a su revolución. Avanza en ella porque aún es popular, pero pierde conexión. Sus indicadores se han debilitado en términos de popularidad y confianza…”

Luis Vicente León

El chat del BlackBerry (BB) se activó de madrugada y no pude evitar la tentación de leerlo. La amenaza de mi esposa de: “voy a tirar ese bicho por el W.C. la próxima vez que me despiertes tecleando” me obligó a pararme sigilosamente al baño para revisarlo escondido. La verdad, no puedo entender la rabia que el BB genera en las esposas. ¿Será que se ponen intransigentes o que uno se pone gaga?


Tan pronto vi el nombre del pana periodista que chateaba imaginé de qué se trataba. En efecto, era una de sus preguntas favoritas: “Epa, ¿cómo la ves?”


Ya que el desgraciado me había despertado y obligado a asumir el riesgo de usar el artefacto prohibido, no tenía caso demorar la respuesta hasta la mañana siguiente, aunque estaba seguro que el tipo dormiría plácido mientras me dejaba a mí con esa papa caliente.


Esto se pone candela. Chávez se radicaliza. La gente lo quiere a él pero no a su revolución (sí, ya sé que es una vaina loca, pero ¿qué quieres que te diga?). Avanza en ella porque aún es popular, pero pierde conexión en la medida en que toca la frontera y la población comienza a darse cuenta de lo que está pasando. Sus indicadores se han debilitado en términos de popularidad y confianza.

La razón parece ligada al rechazo a las medidas de expropiación, intervención de empresas y la amenaza contra los medios de comunicación. Pero esa pérdida de popularidad no parece haberlo parado aún. Necesita aprovechar el impulso y, aunque sus acciones no son populares, su capital político sigue siendo lo suficientemente grande como para soportar su estrategia un tiempo más. Por otra parte, no se ha generado ninguna reacción de protesta peligrosa en las masas. La oposición institucional no tiene fuerza para estimularla. La oportunidad que le brinda esta desconexión entre lo que Chávez hace y lo que la gente quiere, se desperdicia al no existir nadie que pueda capitalizar la frustración de la población. Los partidos se encuentran en una situación desventajosa en términos de filiación, comunicación y trabajo de calle.


Surgen, sin embargo, algunas figuras políticas que Chávez debe ver con mucho cuidado: Ledezma, Capriles Radonsky y Leopoldo López se fortalecen y cualquiera puede repotenciarse seriamente.


Para Chávez es vital evitar que los medios cuenten la historia real. La clave para él es lograr que la gente sólo oiga su versión, condimentada quizás con algunas versiones exageradas del adversario, que le permita a Chávez desprestigiarlos (ahí siempre están los más radicales para ayudarlo en esa misión, como si no hubiera suficientes cosas malas en este gobierno como para tener que inventar absurdos).


Las cadenas nacionales consolidan su mensaje, pero aún tiene que evitar que los medios permitan que la oposición ponga temas importantes en la agenda. El peligro para Chávez es que al pasarse de la raya puede activar el espíritu de supervivencia de sus adversarios y finalmente producir una articulación natural, que es mucho más potente que los intentos artificiales que suelen hacer los partidos políticos, repletos de “pescueceros” que se dan codazos, a diestra y siniestra, con tal de salir en una foto o dar la declaración en una rueda de prensa fofa que no levanta ni un mal pensamiento.

Chávez está protegiéndose de un futuro que puede ser realmente peor para él y sabe que mientras menos enemigos deje parados mejor. Está jugando duro, pero también está asumiendo riesgos políticos elevadísimos. Y si subestima la energía potencial de su adversario, entendiendo a éste como la mitad de la población que lo rechaza y muchos más que rechazan su radicalismo, esta tortilla se puede voltear, surgiendo un líder como& disculpa viejo, mi mujer se despertó y mejor te escribo mañana”, glug glug glug.

Fuente: CEDICE

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