Richard Perle, antiguo asesor de Defensa de George Bush, ha sido considerado por algunos, sobre todo por la izquierda deseosa de que los argumentos de la derecha vuelvan a posiciones anticuadas que les dejarían el paso libre para campar a sus anchas, como el paradigma de los “neocons”, es decir el grupo intelectual conservador de gran influencia en la política de la Administración dirigida por George Bush.
Richard Perle, antiguo asesor de Defensa de George Bush
Para Perle, el neoconservadurismo “no es una ideología, sino una disposición,
una convicción; no tenemos una lista de miembros, sino que creemos en el mercado
libre, en la libertad humana”. Así, aunque dice no sentirse especialmente cómodo
con el calificativo “neocon”, sí lo estaría con las ideas que los
neoconservadores definirían como propias.
Aquí se englobarían el
liberalismo clásico, con un énfasis en la libertad individual, el uso de todas
las capacidades de las democracias para proteger y extender la democracia en el
mundo, mercados abiertos, toda la panoplia de libertades de prensa, expresión,
de organización.
Para el antiguo asesor, “este término, surgido como una
demonización de estas ideas, puede tener que ver con el aumento del poder de los
Estados Unidos, el resentimiento por la existencia de ese poder, y la búsqueda
de explicación de la política exterior de los Estados Unidos, aparte de la
obvia”.
Estado fuerte y capaz de
defenderse
Dentro del ideario básico que ha caracterizado las
acciones de este hombre, hay que destacar que cree en un estado fuerte, capaz de
defenderse y de vencer sobre sus enemigos.
De esta manera considera que
EEUU es una democracia liberal que puede y debe tener un impacto muy positivo
sobre la agenda del mundo y, por supuesto que Israel tiene todo el derecho del
mundo a vivir en paz, con sus fronteras reconocidas por sus vecinos y libre de
la amenaza del terrorismo palestino y árabe; por lo que tiene derecho a
defenderse de los ataques de sus enemigos.
Respecto a la amenaza que más
puede temer el mundo libre, no duda en afirmar que ésta es el terrorismo
islámico pero que puede ser derrotado aplicando las medidas de firmeza
necesarias y que la democracia es el mejor régimen en el que puede vivir un país
y que por eso los países democráticos deben intentar expandir este modo de
Estado a todos los demás, sobre todo al mundo árabe.
Su experiencia, un aval
Lo cierto, dejando a un
lado los intentos de englobar a este hombre en cualquier grupo o corriente de
opinión, es que acumula una larga experiencia política, de la que ha pasado dos
décadas, de 1960 a 1980, como miembro de la oficina del Senado de los Estados
Unidos.
Se doctoró en Política por la Universidad de Princeton y con la
llegada de Ronald Reagan al poder en 1981 pasó a ser adjunto al Secretario de
Estado para la política exterior de seguridad, cargo que ocupó hasta 1987.
En el año 2001 se convirtió en jefe de la Oficina de Política de
Defensa, a lo que estuvo dedicado hasta 2003. Además de colaborar habitualmente
con los principales diarios estadounidenses, es coautor del libro An end to
evil y ha escrito una novela titulada Hard line.
A esto hay que
unir, y merece la pena recordarlo, que en 1972 Perle introdujo una enmienda en
una ley tramitada en el Congreso de su país, con el fin de impedir el comercio
con países que impidiesen la libertad de emigración: se trataba de boicotear el
impuesto a la emigración impuesto en aquellos momentos por la URSS para
imposibilitar la huida de sus ciudadanos del paraíso soviético.
Las consecuencias del 11-S
A la hora de analizar
los últimos acontecimientos que han convulsionado el mundo y traído una nueva
política exterior de la mayoría de los Estados, Richard Perle cree que el más
importante fue el atentado del 11 de septiembre, por sus consecuencias. De esta
manera no duda en afirmar que “la política exterior norteamericana actual fue
creada el 11 de septiembre de 2001 y no puede entenderse sin esa fecha. Nos
habíamos creído invulnerables y ese día descubrimos que habíamos subestimado la
magnitud del daño que podía causar un único ataque terrorista”.
Por eso,
para él, fue una muy buena señal que “ese mismo día los Estados Unidos cambiara
radicalmente su política exterior: fue cuando el presidente se dirigió a la
nación y dijo que no distinguiríamos entre quienes han hecho esto y los
gobiernos que lo han amparado”. En este punto reconoce que “el resto del mundo
no estaba preparado para ese cambio ya que los Estados que ofrecen su territorio
a los terroristas simplemente se habían acostumbrado a que no hacíamos nada”.
La retirada de Iraq
Precisamente
esta opinión es la que lleva a Perle a considerar la retirada española de Iraq
como “una decisión amateur, de un gobierno sin experiencia”. Por esta razón él
cree que hubiese sido más lógico que el Gobierno de Zapatero hubiese hecho una
consulta apropiada a los estadounidenses, a los británicos, a los polacos, a los
daneses, a otros… “Incluso si la decisión hubiera sido la de retirarse, se
podría haber hecho de un modo que resultara respetuoso con los intereses
políticos y las preocupaciones de tus amigos y aliados. Y estoy seguro de que a
España le gustaría ser tratada de ese modo si la situación fuera la contraria”.
Para él “fue decepcionante que un acto de terrorismo pueda llevar a una
nación digna a retirarse. Incluso los oponentes a la guerra deberían haberse
sentido muy incómodos con la idea de que la nación española podría huir tras
haber sido atacada. La reacción de otros países habría sido exactamente la
contraria: no nos echarán”. Así considera que no hay motivos para relacionar la
intervención española en Iraq con los atentados de marzo en Madrid.
La lucha contra el terrorismo
islámico
Algo en lo que no cabe duda es que la lucha contra el
terrorismo islámico no es fácil y, para Perle, lo primero que hay que hacer con
esta lacra es “entenderlo, saber las razones que llevan a una persona joven a
convertirse en suicida. También tenemos que recordar que sus motivaciones son
intensamente ideológicas y que no se van a erradicar de forma fácil ya que
intensidad es como la del nacional socialismo o el comunismo”.
A pesar
de las dificultades, para el antiguo asesor de Defensa estadounidense hay formas
de derrotarlos y lo primero que se debe hacer es privarles de lugares en los que
se sientan seguros, puedan organizarse, crear una infraestructura y comenzar a
operar sin complejos.
Después, habría que movilizar a todos los
musulmanes que consideran que Occidente no es un enemigo y, por lo tanto, no hay
guerra santa que valga contra él. El problema de esta gente es que necesitan
apoyos reales ya que en demasiadas ocasiones han estado intimidados lo que les
ha condenado al silencio.
¿Es necesaria la
ONU?
Otro asunto, quizá controvertido, del que Richard Perle no
tiene reparo en hablar es del papel de las Naciones Unidas en el panorama de
política internacional. Él se muestra escéptico ante la institución de la que
cree que “muchos de los que admiran a la ONU, lo que admiran en realidad es la
idea de una organización mundial que trabaja a favor de la paz, y no sus logros
reales. La ONU se creó tras la Segunda Guerra Mundial con el recuerdo de los
Panzer cruzando la frontera polaca, pero el problema que nos amenaza ahora no es
el de unos ejércitos cruzando la línea de otro país, sino el de unos fanáticos
que prefieren matar y morir antes que vivir, y encuentran respaldo en algunos
Estados”.
Larson considera que la mayoría de la gente piensa en una
institución global con valores humanos, que une a la gente y que ayuda a la
consecución de la paz en el mundo y que la ONU se ha alejado mucho de ese
concepto, por lo que nunca se va a convertir en el instrumento para las
democracias liberales que a muchos de nosotros nos gustaría ver.
Otro
fallo de la institución es que está construida sobre el concepto de primacía de
la soberanía nacional, por lo que la ONU nunca tiene la justificación para
intervenir en lo que se consideran asuntos internos de otras naciones, lo que
significa que se queda en las fronteras cuando se están llevando a cabo cosas
terribles, con muy raras excepciones.
La guerra
preventiva
Con esta afirmación, Perle cree necesaria la guerra
preventiva ya que “esperar para atacar envuelve un riesgo adicional. El 11-S
pareció evidente que se había esperado demasiado. Todo lo que se hizo después
del 11-S podía haberse hecho antes del 11-S, porque existía la documentación
sobre las bases de Al Qaeda en Afganistán, fotografías aéreas, todo. Y se
habrían evitado los tres mil muertos de las Torres Gemelas”.
Aquí podría
concluirse con una frase del propio asesor en la conferencia que ofreció el
pasado día 18 de marzo en la FAES, con motivo del aniversario de la caída del
muro de Berlín: “No conozco a nadie que piense que al terrorismo se le puede
derrotar con medios militares, ni que la democracia pueda construirse a punta de
pistola. Pero con medios militares y a punta de pistola pueden destruirse los
medios con que cuentan los terroristas y quitar los obstáculos para que pueda
hacerse efectiva la democracia”.
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