Política

El Parlamento británico vota en contra de la propuesta antiterrorista de Blair

El primer ministro británico, Tony Blair, perdió ayer una importante votación parlamentaria de cara a cambiar la legislación antiterrorista para ampliar a 90 días la detención sin cargos de presuntos terroristas. Con 322 votos a favor y 291 en contra, los parlamentarios bloquearon los planes para detener a los sospechosos de terrorismo durante 90 días sin presentar cargos contra ellos.

Es la primera derrota que sufre el líder laborista desde que llegó al poder en 1997
No obstante, durante la tarde se están votando las enmiendas que introdujeron los distintos partidos y hasta última hora no se conocerán los resultados definitivos que determinarán el número de días que se ampliará el periodo de detención de los sospechosos de terorismo, que actualmente es de 14 días.

Vivimos en un país que afronta una amenaza terrorista seria y real”, declaró Blair, afirmando que era su deber y el de los parlamentarios apoyar el trabajo de la policía. Lo sucedido fortalece la tesis de la oposición conservadora y liberal, así como de muchos laboristas, de que Blair está perdiendo el control de su Gobierno tras las fuertes pugnas internas registradas en las últimas semanas.

El pasado miércoles, el Gobierno estuvo al borde de perder una votación sobre uno de los aspectos menos polémicos de ese paquete antiterrorista, la prohibición de “glorificar” los atentados, obteniendo el visto bueno sólo por un voto.

Esta primera derrota que sufre el líder laborista desde que llegó al poder en 1997, que muchos achacarán a su arrogancia y excesiva confianza en sí mismo, erosiona su autoridad y alimentará con seguridad las especulaciones sobre su futuro político.

Los argumentos de que las fuerzas de seguridad necesitaban un plazo adicional tan amplio para interrogar a los sospechosos y desarticular las redes terroristas pudieron finalmente menos que los escrúpulos de quienes temen un recorte de las libertades civiles bajo el pretexto de la lucha antiterrorista.

De poco le ayudaron esta vez a Blair sus reconocidas dotes de persuasión para convencer a los rebeldes de su propio grupo y a la oposición, que dudaban de que fuera necesario concederle a la Policía los noventa días que ésta reclamaba con fuerza para cumplir su tarea.

Tampoco sirvió de nada obligar a dos de los ministros, el de Asuntos Exteriores, Jack Straw, y el de Finanzas y aspirante a su sucesión, Gordon Brown, a suspender sus viajes por el extranjero para regresar urgentemente a Londres para participar en una votación que se adivinaba muy reñida.

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