La conferencia de presidentes del Parlamento Europeo ha decidido otorgar al líder de la oposición bielorrusa, Alexander Milinkevich, el premio Sajarov 2006 a la libertad de conciencia, que reconoce a personalidades u organizaciones que defienden los Derechos Humanos y luchan contra la intolerancia.
Claro mensaje a la última dictadura europea
La Eurocámara ha querido ensalzar la labor política del galardonado contra la que muchos consideran “la última dictadura europea”.
Milinkevich ha derrotado a la candidatura colectiva de ´aquellos que luchan por los secuestrados en Colombia´, representada por la fundación ´País Libre´ y por la ex candidata a la presidencia de Colombia Ingrid Betancourt (secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en febrero de 2002). El político bielorruso también se ha impuesto al periodista y diplomático libanés Ghassam Tueni, propuesto en memoria de las personalidades libanesas asesinadas en los últimos años, como el ex primer ministro Rafia Hariri.
La carrera política de Milinkevich no ha sido fácil. En 2001 dirigió la campaña electoral del por aquel entonces líder del partido de oposición “Fuerzas Democráticas Unidas”, Siamion Domas, contra el presidente Lukashenko. En las elecciones de marzo de 2006, el propio Milinkevich era candidato a la presidencia del país. Los resultados oficiales otorgaron el 82% de los votos a Lukashenko, mientras que Milinkevich se quedaba en un exiguo seis%. Otras fuentes le adjudicaron al menos un tercio de los votos. Los resultados del voto no fueron reconocidos ni por la Unión Europea ni por Estados Unidos por sus irregularidades. Después pasó quince días en prisión por haber participado en una reunión no autorizada en Minsk.
A raíz de las irregularidades en los comicios, la UE decidió imponer sanciones al régimen Bielorrusia y prohibió la entrada a varios de sus máximos representantes y ordenó la congelación de sus cuentas en Europa. El líder de la oposición bielorrusa se reunió en febrero de 2006 con varios eurodiputados y les pidió su apoyo, aunque dijo que era el pueblo bielorruso el que tenía que cambiar las cosas por sí mismo.
Con frecuencia se alude a Bielorrusia como “la última dictadura europea” en la que el Gobierno sigue silenciando las voces críticas, suspendiendo partidos políticos y cerrando periódicos. Todo opositor político es perseguido. Los responsables de los medios de comunicación son intimidados y acosados; y hasta es ilegal criticar al presidente Lukashenko o a otro miembro relevante del Gobierno. Organizaciones pro-derechos humanos y asociaciones de medios de comunicación han criticado duramente a las autoridades bielorrusas por no respetar las libertades de expresión y reunión e impedir el acceso de la oposición a los medios de comunicación de titularidad estatal.
Tras las elecciones de 2006, las protestas fueron disueltas de forma violenta, y muchos de los manifestantes y opositores políticos fueron detenidos, entre ellos el propio Milinkevich. Asimismo, las autoridades bielorrusas impidieron la entrada en el país de los observadores internacionales enviados tanto por el Parlamento Europeo como por los Estados miembros.
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