“Aún pienso que hice lo correcto”, dijo tras pedirle algunos diputados que reconozca errores respecto a Iraq, en el debate sobre el Informe Butler.
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Martes, 21 de julio 2026
“Aún pienso que hice lo correcto”, dijo tras pedirle algunos diputados que reconozca errores respecto a Iraq, en el debate sobre el Informe Butler.
TENSO DEBATE
Acorralado en el Parlamento por su postura ante la crisis de Iraq, cuestionado por los ciudadanos, el 55% de los cuales cree que mintió respecto a la guerra, y con el decidido pero ahora débil apoyo de la Administración Bush. Con este panorama afronta Tony Blair uno de los momentos más difíciles de su mandato, en el que han coincidido tres circunstancias históricas: el primer aniversario del suicidio de Kelly, el décimo suyo al frente del laborismo y el debate celebrado esta semana en el Parlamento tras conocerse las conclusiones del informe elaborado por Lord Robin Butler.
Pese a todo, el primer ministro sigue haciendo gala de una inusitada capacidad de resistencia ante las situaciones más adversas, como lo demuestra el hecho de que sigue prometiendo que se presentará a un tercer mandato en las elecciones generales previstas para 2005.
Hoy por hoy, su imagen está debilitada, pero no caída. Ayer mismo el diario The Guardian publicó una encuesta según la cual algo más de la mitad de los británicos considera que Blair mintió respecto a la guerra de Iraq. El sondeo, realizado tras la divulgación del informe Butler, indica que la oposición a la guerra está ahora en el Reino Unido en su nivel más alto, pues un 56% opina que la invasión no estuvo justificada, un 13 por ciento más que en mayo pasado.
No obstante, puede considerarse satisfecho porque todavía tiene un gran apoyo por parte de los votantes laboristas: el 67% todavía cree que es “honesto” y que “se puede confiar en él”.
Duro fajador
De hecho es en el Laborismo donde sigue encontrando sus mayores satisfacciones. Cabe recordar que Tony Blair es el único político laborista que ha ganado, y por mayoría, dos elecciones consecutivas, tras casi dos décadas de hegemonía conservadora.
Su transformación del Laborismo le ha acarreado, por una parte, la pérdida del tradicional apoyo de los sindicatos, pero por otra, una fuerza electoral desconocida en esta organización. Una de las primeras medidas que tomó Blair al ser nombrado líder de los laboristas el 21 de julio de 1994 fue eliminar la histórica cláusula IV de los estatutos del partido, que prometía nacionalizar los bienes de producción en beneficio de los ciudadanos.
Entre sus logros en política nacional se cuentan la firma en 1998 del Acuerdo de Paz de Viernes Santo en Irlanda del Norte, hoy sumido en la crisis por el desacuerdo entre los partidos, y la restauración de los Parlamentos autónomos de Escocia y Gales.
En política exterior, su vocación de hacer de puente entre Europa y Estados Unidos le ha proporcionado, a partes iguales, grandes satisfacciones y enormes quebraderos de cabeza. En el 2000 fue el primer líder europeo en reunirse con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y en 2001 con el estadounidense, George W.Bush, con quien, tras los atentados del 11-S, prometió luchar “hombro con hombro” contra el terrorismo.
Precisamente en el ámbito internacional afrontará el premier sus próximos retos, ya que pretende, antes de las elecciones, celebrar un referendo sobre la Constitución europea, y también ha prometido en este plazo revisar los criterios de convergencia para la adopción del euro.
La sucesión, un asunto que ni se plantea
La difícil situación por la que atraviesa ha hecho que se plantee, por enésima vez, una hipotética sucesión. Sin embargo, si de algo presume Blair es de fortaleza y de confianza en sí mismo, de ahí que ni se plantee, de momento, no presentarse a las próximas elecciones.
Pese a todo, abundan las voces dentro de su partido que le reclaman que deje el camino libre para que su ministro de Economía, Gordon Brown, tome las riendas. Un hipotético pacto firmado entre ambos hace años acordó esta sucesión, que sería vista con buenos ojos por los sectores del Laborismo más defraudados con Blair, ya que a Brown se le considera más cercano a las tesis tradicionales del partido y más reacio a la “tercera vía” propugnada por Blair.
El congreso del Partido Laborista que tendrá lugar el próximo otoño dará la verdadera medida de la pujanza de Brown y del tirón que conserva Blair en la organización. Según las últimas encuestas, si Brown se presentara a las elecciones como líder laborista, el partido aventajaría en 11 puntos a los conservadores, más del doble del 5% ciento actual.
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