Política

El populismo huye en helicóptero

La democracia está en estado de coma en ese país y debe ser salvada con raciocinio y buen gobierno.

EDITORIAL
La huida desesperada de Lucio Gutiérrez demuestra que la gente tarde o temprano dice ¡basta!. Durante toda la semana hemos seguido en vilo las grandes protestas en las calles de Quito y Guayaquil, donde miles de “forajidos” protagonizaron una verdadera insurrección popular, con características históricas y detalles épicos, que socavó la estructura política del Estado ecuatoriano dejando a su clase política en la galería del desprecio, la humillación y el vilipendio.

El pueblo sufrido de Ecuador, al igual que el argentino en el año 2001, salió a las calles en un tremendo “cacerolazo” que hace que la estadística registre  siete gobernantes en tan sólo nueve años. Esto demuestra que la sociedad ecuatoriana no les da respiro a los usurpadores del poder, ya que volvió a emplearse a fondo en las calles y plazas, protestando contra una élite incapaz e indolente.

Lucio Gutiérrez, de 48 años, está corriendo igual suerte que la de sus antecesores: Abdalá Bucaram en 1997 y Jamil Mahuad en 2000. La gente a estas horas sigue gritando “Que se vayan todos” y que “Se acabe el circo”. 

Ahora el poder está en manos del vicepresidente Alfredo Palacio que ha manifestado su intención de reformar la constitución política del Estado, sin que hasta el momento hable de llamar a elecciones. Pero eso sería no entender el reclamo que se hace en las calles. Se pide justicia y honestidad, no nuevas leyes. El tema no son las leyes sino que quienes las aprueban no las respetan y pasan de ellas.

Ecuador atraviesa una crisis irresuelta, intermitente, que estalla como por espasmos. Lo importante es que la clase política comprenda lo que ha ocurrido y capte el mensaje. La democracia está en estado de coma en ese país y debe ser salvada con raciocinio y buen gobierno.

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