El secretario de Relaciones Internacionales del PP, Jorge Moragas, no ahorró ayer calificativos para estos hechos, que tachó de «atropello, persecución, acoso sectario y escándalo vergonzoso». Para el representante español en Londres, en cambio, usó el humor y le llamó «ineficaz Anacleto».
El Partido Popular mostró ayer su indignación tras la información adelantada ayer por el periódico La Razón, relativa al seguimiento realizado por el embajador en Londres, Carlos Miranda, sobre el ex presidente del Gobierno, José María Aznar.
El secretario Ejecutivo de Relaciones Internacionales del PP, Jorge Moragas, calificó los hechos como un «escándalo vergonzoso» que «mancha una vez más la imagen de la Diplomacia española». Para el popular constituye «otro eslabón en esta cadena de errores, patinazos y desatinos que se vienen dando en la Política Exterior de este Gobierno».
La calificación de escándalo obedece a que, según el PP, con la prueba documental aportada el pasado sábado por este diario, «estamos ante un claro ejemplo de utilización de un cargo público y de medios públicos para perseguir, controlar y espiar a un ciudadano español en el extranjero». «Esta invasión a la intimidad la realiza el embajador de España en Londres y la realiza contra un ciudadano español, militante del PP y para más Inri, presidente de honor del partido y ex presidente del Gobierno democrático de España», recordó Moragas.
«Atropello, persecución y acoso»
Por ello, y «sin pretender crispar el ambiente político», el dirigente popular quiso «denunciar el atropello, persecución y acoso sectario de que está siendo objeto nuestro partido, nuestros militantes y nuestros dirigentes», ya que «el grado de injerencia en los espacios fundamentales de la libertad que nos reconoce la Constitución es preocupante». Más grave todavía que estos hechos, es para el PP «el daño que se hace al prestigio e imagen de nuestro país y nuestra Diplomacia». Según dijo, «la incapacidad el sectarismo de la política exterior de España es inédito en la historia de la democracia española». La lista de agravios, para Moragas, es «muy larga y hace que la situación haya llegado a un punto insostenible». Moragas subrayó ade- más, que «estos acontecimientos nunca se darían en los países que ellos llaman democracias occidentales». «¿Alguien se imagina que en el Foreign Office espiasen, controlasen e informasen sobre las actividades privadas de un ex primer ministro de su país?», se preguntó.
Vale todo contra Aznar
¿El motivo de la «persecución» y el «espionaje»? Desde el PP no ven otro que un «elemento psicológico»: la «Aznarofobia», el «rechazo hacia la memoria positiva que ha dejado el Gobierno del PP en los españoles». «De otra manera no se explica a qué viene este acoso, persecución permanente al que ha sido ocho años presidente de todos los españoles», dijo el dirigente popular.
Asimismo, recalcó que «ya no sabemos a quién defiende el ministro de Asuntos Exteriores de España. ¿Para quién trabaja, para el PSOE o para España?».
Pero las preguntas que requieren una contestación por parte del Gobierno para el PP no terminan ahí: «Si persiguen espían y controlan al ex presidente Aznar… ¿también lo harán con otros dirigentes del Partido Popular cuando viajan al extranjero?;
¿También lo harán con el presidente de nuestro partido, Mariano Rajoy cuando se desplaza al extranjero?; ¿Cuáles son las instrucciones que el ministro de Exteriores ha dado a sus embajadores sobre los contactos que tengan con dirigentes de nuestro partido?; A qué se dedica el embajador de España en Londres, ¿A espiar a un ex presidente del Gobierno cuando debería estar vigilando los intereses de España y evitando que la Royal Navy envíe submarinos nucleares a Gibraltar?».
Y es que para la formación popular el representante español en Londres «se ha demostrado un ineficaz Anacleto» de esta Diplomacia de «pacotilla» a la que está conduciendo la dirección del actual ministro de Asuntos Exteriores. Dada la importancia de los hechos, Moragas exigió al Gobierno que actúe «responsablemente» y pidió el «cese inmediato del embajador de España en Londres».
Pedirán la comparecencia de Moratinos
Asimismo, el partido liderado por Mariano Rajoy llevará el asunto a la Cámara Baja. Los populares pedirán además la comparecencia del titular de Asuntos Exteriores en el Congreso de los Diputados para que dé las explicaciones oportunas por el «espionaje» y la «invasión a la intimidad» de presidente de honor del partido.
Por su parte, el portavoz del Grupo parlamentario Popular, Eduardo Zaplana, también tuvo palabras para el «uso de medios públicos y del aparato del Estado para vigilar y fiscalizar la vida del ex presidente Aznar». El dirigente popular recordó que «estas cosas no pasaban desde hace mucho tiempo», y, siguiendo la línea anticipada por Moragas afirmó que «exigiremos todo tipo de responsabilidades y estaremos muy vigilantes».
Zaplana se mostró contundente al afirmar que desde el PP «no vamos a consentir que el Estado de Derecho, base de una democracia, se ponga en riesgo». Asimismo, el portavoz popular quiso poner de relieve que «estamos hablando de la libertad individual de un ciudadano que además en este caso es un ex presidente del Gobierno», por lo que afirmó que el Ejecutivo presidido por José Luis Rodríguez Zapatero «está superando todos los límites».
En la nota que anteayer hizo pública el periódico La Razón, Carlos Miranda, responsable de la Legación española en Londres y amigo personal del también ex presidente Felipe González, informaba con carácter «secreto» y «urgente» del paso de Aznar por el aeropuerto de Heathrow. Miranda, que encabezaba su texto con un «Querido ministro», notificaba a Moratinos que «ayer [por el pasado 30 de enero] el ex presidente del Gobierno Aznar (sic), acompañado de un numeroso party entre los que estaban Pedro Schwartz y Rafael Bardají».
El embajador ofreció al responsable de la Diplomacia un relato pormenorizado y valorativo del fugaz paso de Aznar por Londres, en tránsito hacia los Estados Unidos. Se da la circunstancia de que está fechada el mismo día en el que el Ministerio tiene conocimiento supuestamente de que un submarino nuclear con una alarmante avería había puesto rumbo a Gibraltar.
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