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El progre Camarada Arrese

…aquellos camaradas estilo Ridruejo o Aranguren –intelectuales, no sus violentas fuerzas de choque–, no eran progresistas, como creían, sino progres…

Quienes tuvieron que estudiar Formación del Espíritu Nacional en los años 1950 dicen recordar a sus profesores falangistas reclamando la revolución pendiente de justicia social, igualdad, y superación del capitalismo entre luceros y montañas nevadas.
 
Los profesores más entusiastas se permitían criticar levemente a Franco por menos revolucionario que ellos, que se definían tan igualitarios como los comunistas de la URSS.
 
La diferencia es que los soviéticos eran  ateos y los falangistas creían en Dios, aunque, sorprendentemente, defendían la separación entre la Iglesia y el Estado.
 
La realidad es que aquellos camaradas estilo Ridruejo o Aranguren –intelectuales, no sus violentas fuerzas de choque–, no eran progresistas, como creían, sino progres.
 
Óigase hablando como un progre de ahora mismo a José Luís Arrese, Ministro Secretario General del Movimiento en 1945, en http://www.youtube.com/watch?v=E6VMM3nyMEs&feature=player_embedded
 
Como los progres contemporáneos, remedo del Frente de Juventudes falangista, donde seguramente militaron los actuales progres más veteranos.
 
Actualmente hay dos clases de progres-falangistas: los estatales, estilo Juventudes Socialistas-Zapateristas, y los autonómicos. Estos últimos no existían antes porque los joseantonianos eran estatales con vocación imperial o universal.
 
Ahora, los autonómicos vigilan básicamente su región que llaman Nación, en la que imponen su diferencia culturo-racial a martillazos, aunque también son imperiales supraestatales, amos blancos como Carod-Rovira ante los indios nativos americanos, o caciques libidinosos en Cuba.
 
Como ungidos misioneros, tratan de transmitir la grandeza de su Espíritu Nacional autóctono-regional, su buenismo y la solidaridad y la justicia social del camarada.
 
Cuando se rechaza su contradictorio programa calco del falangista, los militantes progres se irritan y justifican la violencia de los patriotas más agresivos.
 
En los años 1950 el franquismo reprimió a sus falangistas más exaltados, pero la democracia los cultiva: son útiles en retaguardia por su activismo verbal, denuncia del hereje y represión ideológica.

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