La proximidad de la paz dependerá del basamento institucional que se logre construir, y de la internalización colectiva de estas normas.
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Viernes, 12 de junio 2026

La proximidad de la paz dependerá del basamento institucional que se logre construir, y de la internalización colectiva de estas normas.
Editorial
El próximo 15 de octubre Irak realizará el referéndum que culminará el proceso de elaboración de la carta constitucional que regirá en ese país en un término próximo. La consulta se produce en un ambiente que no ha logrado consolidar un acuerdo, y en el que el grupo suní se muestra díscolo y con posturas radicales. En una primera lectura, la realización del referéndum apela a la voluntad popular por sobre los colores sectarios, en una nueva búsqueda por asignar legitimidad a todo el proceso.
Diario Exterior ha lanzado una encuesta sobre el destino constitucional, y las inclinaciones de los votantes revelan una preocupación de fondo: hay una tendencia a pensar que independientemente de la sanción formal de la carta, lo que deben construirse son instituciones que sostengan la legalidad. Aquí se reproduce el debate ya extendido sobre la forma de emprender esta construcción. Básicamente, porque requiere de un fundamental acuerdo político.
La sanción de la carta, su referéndum, coinciden con la aceptación del dictador Sadam Husein de sus atroces crímenes. Con una marcialidad propia de los castigadores, Husein admitió los tormentos proporcionados a millones de personas llegando a la tortura y a la muerte. La noticia generada desde el gobierno iraquí contribuye a aclarar una verdad histórica muchas veces ignorada (por momentos intencionalmente) y que es la existencia de un dictador temible al frente de una nación. Esto dispara además una reflexión sobre la causa de la intervención norteamericana en ese país, y lo que un nuevo camino de institucionalidad podría proporcionar al propio pueblo.
Por todo ello es que el tema constitucional adquiere relevancia. Por ello Diario Exterior ha reiterado su opinión editorial sobre el tema, y ha querido echar luz sobre los confusos acontecimientos. En una sociedad radicalizada, azotada por la dictadura, la guerra y, finalmente, por una masacre en la que murieron súbitamente miles de personas, el destino constitucional es fundamental. Así como las instituciones necesitan un acuerdo político para su edificación (porque éstas se componen de personas), también el derecho necesita de un cuerpo orgánico que le de fundamento y que garantice su efectividad. Esta combinación de “grandes acuerdos” es lo que constituye el secreto de una sociedad en civilización. Nada más ni menos, que el principio contractualista clásico de la paz acordada.
La segunda gran vertiente para intentar analizar el pacto constitucional es el fruto que esta paz pueda producir. Es decir, si servirá para despertar la iniciativa individual sana de la sociedad, su capacidad de emprender, de negociar, de producir acuerdos, o si simplemente será un orden de rigor. Lógicamente, los tiempos políticos y la propia realidad dictan los tiempos en las que estos proceso puedan desarrollarse. Pero queda claro que lo que salvará la trascendencia de la constitución será su capacidad para defender, por ejemplo, los derechos de propiedad y libertad de las personas. Nuevamente, los principios sociales (o económicos) clásicos que modelaron una sociedad integrada y capaz de innovar y generar riquezas.
En definitiva, deberán volver a primar los valores de una paz producto del acuerdo que erróneamente se ha asignado a una patria o a una región en particular. El legado liberal clásico, el producto del iluminismo, ha sido perfectamente gestado en las más diversas culturas, y bajo las formas más particulares. Pero todas tuvieron en común la búsqueda del respeto hacia los derechos del individuo y la creación de un marco de leyes e instituciones orientado a liberar los impulsos del hombre. Los creativos naturalmente. La reforma Meiji en Japón fue (tal vez) el ejemplo más paradigmático de que el desarrollo tiene algunos matices comunes fundados en la iniciativa social y en el orden institucional. En síntesis, en la democracia.
Irak volverá a vivir una hora de tensiones y enfrentamientos. El referéndum volverá a martirizar a esta sociedad con golpes de radicalismo y expresiones desaforadas urdidas por la violencia anterior, y por largos años de opresión y fundamentalismo. Pero deberá ser un nuevo impulso para la esperanza. Un nuevo impulso para la razón. Razón que no tiene nacionalidades, sino que es perfectamente capaz de prevalecer en las sociedades más diversas. Y de propiciar en un contexto de enorme confrontación –el experimentado en el mundo árabe- un ejemplo para la convivencia.
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