Esta semana se ha reabierto, aunque con limitaciones, el monumento más emblemático de Nueva York. El 11 de septiembre de 2001 fue el último día que abrió sus puertas.
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Martes, 21 de julio 2026
Esta semana se ha reabierto, aunque con limitaciones, el monumento más emblemático de Nueva York. El 11 de septiembre de 2001 fue el último día que abrió sus puertas.
REAPERTURA DE LA ESTATUA DE LA LIBERTAD
La famosa Estatua de la Libertad en Nueva York ha vuelto a abrir sus puertas al público el pasado martes, por primera vez desde el 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, la verdosa dama de 93 metros de altura, ubicada en medio de la bahía de la ciudad, no mostrará sus intimidades, ya que los visitantes sólo podrán llegar hasta su base.
El Servicio de Parques Nacionales, que se encarga de la administración del monumento, lo clausuró tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, aduciendo que no contaba con suficientes medidas de seguridad. Ahora, los visitantes serán revisados minuciosamente antes de embarcar en el ferry que llega hasta la Isla de la Libertad y también al ingresar al monumento.
La puesta al día de Liberty en materia de seguridad y de prevención de incendios ha costado 6,7 millones de dólares, recolectados por una fundación sin fines de lucro en medio de las protestas de los neoyorquinos por la demora de la rehabilitación.
Una vez abiertas sus puertas, los visitantes se han encontrado con la sorpresa de que ya no se puede llegar al estrecho mirador en la corona de la estatua que los franceses regalaron al pueblo de Estados Unidos a fines del siglo XIX. Ahora apenas podrán ver de lejos parte del interior de la coraza de cobre y hierro del monumento diseñado por Frédéric-Auguste Bartholdi y sustentado en una estructura de Gustave Eiffel.
Las zonas abiertas incluyen sólo el museo en la base y el mirador inmediatamente debajo de los pies de la estatua, que podrá recorrerse por medio de visitas guiadas.
Medidas de seguridad
Además, a partir de ahora las visitas tendrán que ser concertadas con cita previa a través de teléfono y, desde septiembre por Internet para evitar largas colas y aglomeraciones. Quienes visiten de ahora en adelante la Estatua de la Libertad podrán sentir que están en “el lugar más seguro de Nueva York”, como asegura la presidenta del Servicio Nacional de Parques, Fran Mainella.
La mayor seguridad se experimenta desde el mismo momento en que el visitante llega al embarcadero del ferry que lo trasladará a la Isla de la Libertad, pues allí debe traspasar máquinas detectoras de metales y pasar sus bolsos por un escáner.
La novedad, con todo, está al llegar a la base de la estatua, donde hay instalados portales detectores de explosivos que emplean una novedosa tecnología: el visitante recibe “inyecciones” de aire, mientras espera, por 15 segundos, que la luz roja se ponga verde.
Una historia conocida
El emblemático monumento, que fue un regalo de Francia como símbolo de libertad para los oprimidos y se inauguró en 1886, fue declarado monumento nacional en 1924 y su mantenimiento está bajo la responsabilidad del Servicio Nacional de Parques.
La subida hasta la antorcha quedó prohibido en 1916, cuando el hombro que la sostiene se estropeó tras una fuerte explosión que tuvo lugar en Nueva Jersey durante la Primera Guerra, pero según Mainella, el acceso a la corona “es un plan que está bajo consideración”.
Con todo, “el acceso a la corona nunca estuvo en los planes originales”, cuando se erigió el monumento, y que “antes del 11 de septiembre ya se discutía la posibilidad de restringirlo, por cuestiones de seguridad, más que de terrorismo”.
A la corona se llega por una escalera de caracol de 354 escalones que serpentea desde los pies como una especie de columna vertebral, y aunque no se puede subir hasta el final, el visitante podrá ahora disfrutar, desde un lugar privilegiado, de una rara vista de las entrañas de la colosal escultura.
Hay 25 ventanas en su corona que simbolizan las piedras preciosas que hay en la Tierra y los rayos celestiales que brillan sobre el mundo. Los siete rayos de la corona de la estatua representan los siete mares y continentes del mundo. Las tablas que sostiene la estatua en su mano izquierda tiene la siguiente inscripción en números romanos: “4 de julio, 1776,” el día que el Congreso, en representación de las colonias americanas, adoptó la Declaración de Independencia del Imperio Británico.
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