Indonesia es suelo fértil para el enrolamiento de futuros terroristas y requiere la ayuda inmediata de Occidente.
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Domingo, 25 de octubre 2026

Indonesia es suelo fértil para el enrolamiento de futuros terroristas y requiere la ayuda inmediata de Occidente.
Editorial
El presidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono, aseguró que los atentados, donde murieron al menos 26 personas y 122 resultaron heridas, fueron lanzados por suicidas, y dispuso máxima alerta en Yakarta. “Las investigaciones hasta ahora señalan que los atentados fueron cometidos por suicidas”, dijo el presidente al visitar Bali, donde recorrió el hospital donde son asistidos los heridos.
El jefe de la oficina antiterrorista del Ministerio de Seguridad, Ansyaad Mbai, advirtió que “el modus operandi” utilizado en los tres ataques “es similar a los atentados anteriores (2002 y 2003)”, con el uso de mochilas, partes de las cuales fueron localizadas por los investigadores.
La policía apunta al grupo fundamentalista Yamaah Islamiyah, acusada de mantener vínculos con Al Qaida que busca instaurar un Estado islámico en buena parte del sudeste asiático. Varios mortíferos atentados en Indonesia fueron atribuidos en los últimos años a la Yamaah Islamiyah, entre ellos el cometido en Bali el 12 de octubre de 2002 en el que murieron 202 personas, entre ellos 88 australianos.
Los cruentos ataques contra el hotel Marriot de Yakarta (12 muertos el 5 de agosto de 2003) y contra la embajada de Australia (12 muertos el 9 de septiembre de 2004) fueron atribuidos igualmente a activistas musulmanes, presuntos miembros de la Yamaah Islamiyah.
Esta organización fue fundada en 1995, pero sus orígenes ideológicos son muy anteriores, engarzándose con la rebelión del Darul Islam. A finales de los años cuarenta estallaron rebeliones en tres regiones distintas de Indonesia reclamando la creación de un Estado islámico. El movimiento acabó llamándose Darul Islam (el refugio del Islam) y hunde sus raíces en una concepción de la fe musulmana en Indonesia denominada “modernista” pero que de moderna no tiene nada ya que su interpretación del Corán es profundamente reaccionaria y sus metodologías pueden caracterizarse como fundamentalistas.
Por esta razón hay que explicar que, desde el nacimiento de la República de Indonesia en los años 40, el país intenta fundar una democracia musulmán a pesar de los intentos del Islam organizado de imponer la sharia o ley islámica y en esa línea hay que entender los atentados de Bali. Sobre sus vínculos con Al Qaeda los expertos sólo manejan conjeturas. Está claro que el 11/S influyó en Yamaah Islamiyah porque a partir de esa fecha dejó de atentar contra objetivos cristianos para centrarse polos de atracción del turismo occidental. También algunos analista creen que Al Qaeda tiene en el país campos de entrenamiento en la zona de Sulawesi Island.
De todas maneras, este segundo atentado en Bali debe servir para reforzar la seguridad en el país y para que la comunidad internacional no desvíe la mirada como hizo después de octubre de 2002. Indonesia es una democracia islamista que puede servir de faro ejemplar para el resto del mundo árabe. Pero también es un vasto archipiélago con fronteras marítimas porosas, con un gobierno central débil y una administración pública corrupta que se enfrenta cotidianamente a violentos grupos separatistas. En otras palabras, es suelo fértil para el enrolamiento de futuros terroristas islámicos y que requiere la ayuda inmediata de Occidente en materia de seguridad estratégica.
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