Los legisladores españoles deberían plantearse adoptar la norma y constumbre norteamericana
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Jueves, 22 de enero 2026

Los legisladores españoles deberían plantearse adoptar la norma y constumbre norteamericana
Editorial
Lo contaba ayer Diario Exterior. Eduardo Aguirre obtendrá seguramente la aprobación del Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano para su nominación como próximo embajador de Estados Unidos en España. Aguirre se condujo con prudencia y habilidad diplomática ante las preguntas de los comisionados demócratas y republicanos. Las difíciles relaciones entre España y el gigante norteamericano estuvieron encima de la mesa, sin lugar a dudas: Cuba, Venezuela, Irak… De manera explícita e implícita. Sin embargo, el mensaje del nuevo embajador fue conciliador.
Fue constructiva la intervención de la oposición demócrata, que puso el acento en profundizar en la diplomacia, las relaciones económicas y la importancia del apoyo de España a Estados Unidos, después del 11-S, en su lucha contra el terrorismo. Hemos leído y releído la intervención del senador demócrata por Connecticut, Chris Dodd, por ver si las crónicas no estaban erradas y si realmente este senador, en vez de demócrata era republicano. No. Es, ciertamente, del partido demócrata.
Lo relamente curioso es que el discurso de los republicanos aparcaba las diferencias e insistía en los esfuerzos del gobierno de Zapatero por recomponer unas maltrechas relaciones, consecuencia de la salida precipitada y sin avisar de Irak y los reiterados insultos y desprecios que el propio presidente Zapatero y colaboradores, amén de una importante pléyade de políticos españoles, han proferido contra el presidente Bush o la propia nación americana con motivo de contiendas electorales e incluso, lo que es peor, más allá de ellas.
Así, el senador republicano por Indiana señaló que desde el pasado mes de noviembre el Gobierno español ha llevado a cabo acciones de cara a mejorar las relaciones, como la contribución a los esfuerzos de reconstrucción de Afganistán y su coliderazgo en la base de Herat como parte de la misión de la OTAN en Afganistán. Lugar, destacó la propuesta para entrenar a la Policía iraquí fuera de Irak y pidió que el nuevo embajador partiera de estos principios en su nueva misión en España.
Es el discurso oficial de la cancillería española o del propio Zapatero, ofrecido en este caso por el partido que apoya a la administración Bush. Ver para creer. Lo que sucede es bien simple. En Estados Unidos, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado vela, entre otras cosas, para que los embajadores de su país pongan el acento de su trabajo en la defensa de los intereses de la Nación y a esta representen, no al partido de turno. Lo mismo que en España.
En España, el actual gobierno, amén de abandonar una política exterior de liderazgo que nos va a hacer retroceder décadas, las purgas en las embajadas y el maltrato a excelentes profesionales que han servido con eficacia y éxito al Estado durante los pasados gobiernos de Aznar están a la orden del día. Los embajadores de España no pueden representar al gobierno de turno, por más que la política exterior sea una competencia constitucional del poder ejecutivo. El PSOE, en el poder, debería considerar esto y los legisladores españoles deberían plantearse adoptar la norma y constumbre norteamericana y reclamar el dictamen previo, con mayoría muy cualificada, de las Cortes para estos nombramientos.
He aquí una propuesta, sin pretensiones, que bien podría liderar Duran i Lleida, presidente de la comisión de Exteriores del Congreso en España.
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