La pérdida de escaños en el Parlamento, la menor capacidad decisoria en el Consejo y el cambio en la distribución de los fondos consolidados pondrían a España en unos de los lugares más desfavorecidos por el ingreso de Turquía. Según tuvo acceso Diario Exterior, el informe de la Comisión Europea revela que muchas regiones españolas quedarían sin fondos estructurales y pasarían de ser receptores a contribuyentes. Para el canciller se trata de un avance en la confluencia civilizatoria.
Moratinos, no obstante, opina que se trata de un avance en la Alianza de Civilizaciones
El informe de la Comisión Europea al que Diario Exterior tuvo acceso recientemente revela algunos efectos puntuales que la integración de Turquía tendría para los países de la UE. En particular examina las consecuencias en el reparto de poder de los órganos comunitarios y la distribución de los denominados fondos estructurales. La perspectiva no sería buena para España que se transformaría en uno de los países más afectados.
Según pudo conocerse, “son los países medianos y grandes los que más escaños perderían en el Parlamento Europeo, porque son los que tienen para ceder, mientras que los más pequeños ya no pueden contribuir para suministrar el número de diputados que requerirían las dimensiones turcas”.
En el Consejo, con las reglas de la Constitución también es más que evidente que España perdería gran parte de su capacidad de decisión, y si se han de reformar las reglas actuales de Niza, la pérdida podría ser aun más evidente. Las negociaciones de Ankara resultan, en consecuencia, de vital importancia para el rol de España en la UE.
Fondos estructurales
En cuanto al llamado «efecto estadístico» -que ha dejado a muchas regiones españolas sin fondos estructurales porque la reciente adhesión ha bajado la media de renta europea y ha hecho a los españoles relativamente más ricos-, con la llegada de Turquía, toda España estaría en niveles altos de riqueza: no solamente dejaría de percibir ayudas, sino que sería contribuyente neto, y de los más importantes. La nueva tabla de ingresos relativos produce un vuelvo en las asignaciones regionales que dirigiría la mayoría de los fondos a la reconversión de los nuevos socios.
A la acostumbrada contribución de los miembros originales puede sumarse la de países como España que, con un crecimiento económico sostenido, podría transformarse en benefactor.
Representa un avance en la “Alianza de Civilizaciones”
Mientras tanto, el Ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, relacionó la posible inserción de Turquía con la aplicación de la “Alianza de Civilizaciones” propuesta por Rodriguez Zapatero. Según expresó, las negociaciones con Ankara encarnan los primeros pasos de una confluencia dirigida a mejorar las relaciones entre occidente y el mundo musulmán.
En medio de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Moratinos afirmó que constituye una reafirmación del diálogo y que se tiende a “acabar con la deriva negativa de las percepciones mutuas entre el mundo accidental y el mundo árabe-islámico”. El Ministro hizo alusión a la perniciosa combinación de religión, fanatismo e integrismo.
Diferencias con Barroso
La prédica de Moratinos difirió de la expuesta por Durao Barroso, quien prefirió abordar los temas complejos que supone esta incorporación. Barroso instó al país solicitante a “ganarse a la opinión pública” y a emprender las reformas esperadas. La postura de Barroso coincide con el inicio de las examinaciones que Turquía recibirá durante los próximos años en las que se analizarán el estado de los derechos humanos, las libertades políticas y las condiciones de la ciencia y la técnica en ese país.
No antes de diez o quince años
En relación a los plazos manejados, el comisario para la Ampliación, el finlandés Olli Rehn, dijo que cualquier perspectiva de un posible ingreso de Turquía no se puede situar antes de «diez o quince años» y que en este tiempo confía en que se hayan resuelto todos los muchos problemas que quedan pendientes. El primero será definir lo de la «capacidad de absorción», que es una condición que «no se puede cuantificar en términos abstractos», pero que hace referencia tanto a las finanzas de la Unión como al estado del mercado de trabajo de los países miembros, como la opinión pública de los ciudadanos.
La masacre de Armenios
El Ministerio de Exteriores armenio informó hoy que el país “espera que Turquía reconozca la masacre de armenios a principios del siglo XX como un genocidio”, durante sus conversaciones de adhesión a la Unión Europea. El portavoz del Ministerio, Gamlet Gasparian, dijo que Erevan también espera que las negociaciones empujen a Turquía a abrir su frontera con Armenia y a “adoptar medidas reales para la plena garantía de los derechos y libertades de las minorías nacionales”.
El este de Turquía fue antigüamente el corazón de la cultura armenia pero se consumió por el conflicto étnico mientras el Imperio Otomano se hundía al final de la Primera Guerra Mundial. Erevan afirma que los turcos asesinaro a 1,5 millones de armenios. Turquía niega que hubiera un genocidio y asegura que los armenios murieron debido a los disturbios civiles.
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