En poco tiempo a Zapatero se le ha borrado su sempiterna sonrisa viendo cómo su popularidad cae en picada.
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Martes, 21 de julio 2026

En poco tiempo a Zapatero se le ha borrado su sempiterna sonrisa viendo cómo su popularidad cae en picada.
Editorial
En
poco tiempo a Zapatero se le ha borrado su sempiterna sonrisa viendo cómo su
popularidad cae en picada y cómo los españoles toman la calle para exigir
cambios contundentes en su política de Gobierno. Primero se manifestaron
contra su propuesta de aceptar el diálogo con ETA y, en el día de
ayer, los salmantinos han salido a protestar por la polémica desatada por los
nacionalistas catalanes sobre los Archivos de Salamanca, lugar donde se custodia
parte de la memoria de la Guerra Civil Española.
En
julio
de 1939, con el fin de la Guerra Civil, un tren con 12 vagones cargados de
documentos partió desde Barcelona para que éstos sean utilizados por el
régimen franquista para averiguar datos, principalmente políticos, sobre sus
propietarios. Al año siguiente, los documentos expropiados se envían a la
Delegación Central de Recuperación de Documentos, en Salamanca, donde se
pretende que formen parte de las fuentes de información del “Tribunal Especial
para la Represión de la Masonería y el Comunismo”.
El
separatismo catalán mantiene una pleito histórico con la Administración central
exigiendo la devolución de esos papeles pero el conflicto se agudizó el año
pasado cuando los grupos parlamentarios de CiU, ERC e IU-ICV presentan sendas
iniciativas en el Congreso en las que pidieron al Gobierno que autorice la
devolución a Cataluña de los fondos documentales de la Generalitat republicana
depositados en Salamanca.
Ayer,
una multitud de españoles enarbolando banderas españolas y de Castilla y León, y
coreando lemas como “Se nota, se siente, España está presente”, se manifestaron
en contra de la tesitura del Gobierno socialista de satisfacer a sus socios
separatistas y a favor de la unidad del Archivo de la Guerra Civil. Entre los
asistentes estuvieron miembros destacados del PP, como Ángel Acebes o Esperanza
Aguirre.
Las
pancartas iban mucho más allá del pleito sobre el Archivo. “Zapatero y Caldera,
traidores de su tierra”, “ZP dimisión”, “No al uso del patrimonio como moneda de
cambio”, “Zapatero, España ni se regala ni se vende”, “Carod cabronazo, baja tú
a por los legajos” o “España y archivo=unidad”, este último sobre una gran
divisa española. Expresaban la sensación de que en España a
el Gobierno le interesa pactar con todos los demonios a costa del sacrificio del
resto de la población.
Pactó
con Castro y con Mohamed VI, y luego se acobardó con los dos cuando éstos
expulsaron a ciudadanos españoles y ni dijo ni emitió ni una palabra de
protesta, igual que no lo hizo que cuando desembarcó el submarino nuclear
HMS
Sceptre en aguas de Gibraltar. En lo interno la misma actitud al estar a merced
de sus socios separatistas
catalanes y hasta pensar en negociar con los terroristas de ETA.
Como
dijo el historiador Pío Moa, “se trata de complacer a individuos que no ocultan
su decisión de lograr la secesión de Cataluña, y que utilizan pretextos como el
de los papeles de Salamanca para sembrar el resentimiento”. Hay motivos para
estar muy preocupados con un presidente como Zapatero que antepone sus
afinidades ideológicas a los intereses de los ciudadanos que representa, ya sea
en política exterior como en asuntos de política interna.
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