Los Gobiernos de España y Polonia celebraron finalmente la cumbre bilateral que tuvo que ser aplazada el pasado 14 de diciembre después de que José Luis Rodríguez Zapatero decidiera no viajar a Polonia por estar cansado tras su comparecencia por los atentados del 11-M. Si bien ambos países comparten la filosofía sobre el reparto de fondos europeos, no concretaron ninguna iniciativa común.
ENCUENTRO EN VARSOVIA CON EL PRIMER MINISTRO
Sin embargo, ni el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ni el
primer ministro polaco, Marek Belka, explicitaron ningún acuerdo para ir de la
mano en la negociación de las próximas perspectivas financieras, el marco
presupuestario de la UE a 25 para el periodo 2007-2013.
Según fuentes
gubernamentales españolas, Polonia entiende la defensa que España hace del
principio de “gradualismo” en la reducción de ayudas, porque es consciente de
que, en su día, puede beneficiarse de ese principio cuando Polonia se vea en la
misma situación en la que se ve ahora España. Madrid y Varsovia creen, en todo
caso, que este asunto debería resolverse este semestre, bajo presidencia
luxemburguesa.
Zapatero, durante la rueda de prensa ofrecida para dar
cuenta del resultado de la cumbre se mostró convencido de que se llegará a un
“acuerdo razonable” y que, tanto los países que dejarán de recibir parte de los
fondos comunitarios, como es el caso de España, como los que comenzarán a tener
más ayudas, como Polonia, lo harán de manera “progresiva y equitativa”.
Mucho ruido y pocas nueces
“El mismo
éxito de España lo quiero para Polonia”, dijo Zapatero ante el primer ministro
polaco Marek Belka. Por su parte, el primer ministro polaco elogió la
experiencia de España en la gestión de fondos europeos, llegó a llamar a España
el “campeón de Europa y del mundo” en este ámbito y admitió que le gustaría oir
en otros mandatarios europeos el mismo compromiso expresado por Zapatero con el
“principio de solidaridad” como uno de los “pilares” de la Unión.
Sobre
esta idea surge, según Belka, el entendimiento entre dos países que, en
principio, tienen intereses contrapuestos en materia de fondos. En este terreno,
añadió que siempre hay que llegar a un compromiso en el que cada uno tiene que
“ceder algo” y subrayó que, aunque en los detalles las opiniones pueden ser
contrarias, la aproximación importante es la “voluntad política”. “Hasta cuando
se discute de recursos, el espíritu para llegar a un acuerdo evidencia la
grandeza de la Unión Europea. La cohesión y la solidaridad es un elemento de
identidad de la UE”, apostilló Zapatero.
Pese a sus afirmaciones, se vio
obligado a contestar a un periodista que quiso saber por qué Polonia debería
confiar ahora en España cuando el Gabinete socialista había abandonado a
Varsovia en la negociación sobre la Constitución Europea. Después de algún
circunloquio, el jefe del Ejecutivo español respondió: “Tenga por seguro que
España y Polonia van a ser, con el nuevo Tratado constitucional, países que van
a colaborar y tener una influencia determinantee en el futuro de la
UE”.
Belka, al respecto, dijo que no se pueden comparar ambos Tratados y
queriendo poner el acento en el referéndum que celebrará España, destacó que el
resultado será “muy importante” para Polonia, que también lo someterá a consulta
popular, dado que el Ejecutivo cree que tendrá un respaldo popular mayor del que
se obtendría de optar por la ratificación parlamentaria.
Por lo demás,
según fuentes gubernamentales españolas, hubo consenso en la necesidad de que
ambos países tengan un “papel activo” en la nueva política de vecindad de la
Unión, habida cuenta de que España es frontera con el Mediterráneo y Polonia con
los países del Este.
De hecho, Zapatero propuso a su colega poner en
marcha un Grupo de trabajo hispano-polaco sobre política de vecindad, una
iniciativa que surgió en el año 2000 siendo presidente José María Aznar, pero
que no llegó a materializarse porque España no nombró a su representante en este
Grupo. El jefe del Ejecutivo español se comprometió ante Belka a hacerlo.
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