Hoy en EEUU, el tema de la reforma del Sistema de Pensiones está en boca de todos pero en Europa la seguridad social es la vaca sagrada y nadie se anima a cuestionarla.
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Lunes, 16 de febrero 2026
Hoy en EEUU, el tema de la reforma del Sistema de Pensiones está en boca de todos pero en Europa la seguridad social es la vaca sagrada y nadie se anima a cuestionarla.
editorial
El presidente George W. Bush proclamó esta semana que la reforma del Seguro
Social tiene que darse ahora porque “la crisis es ahora” y prometió trabajar de
forma bipartidista con el Congreso dominado por su Partido Republicano para
abordar un asunto que ha sido suicidio político para algunos, pero que Bush
quiere dejar como su legado.
Hoy en EEUU, el tema de la reforma del
Sistema de Pensiones (Social Security) está en boca de todos. Mientras que en
Europa la seguridad social es la vaca sagrada, del otro lado del Atlántico
existen propuestas muy serias como las cuentas individuales que permitirían a
los trabajadores más jóvenes invertir en la bolsa de valores parte de su
aportación a los impuestos de nómina sobre Seguro Social.
Los planes
jubilatorios estatales de EEUU fueron firmados por la mano hobbesiana de
Franklin D. Roosevelt el 14 de 1935. Rubricaban una redistribución obligatoria
de la riqueza desde los bolsillos de los más jóvenes a los mayores. En la
actualidad, la social security impone un impuesto regresivo del 12.4% sobre los
ingresos anuales superiores a U$S 87,900. A quienes trabajan en relación de
dependencia, la mitad del impuesto se lo paga el empleador y la otra mitad es
deducida de la nómina. El sistema redistribuye casi 150 mil millones de dólares,
lo que representa el 22% de todo el gasto federal del Estado.
Una de las
trampas del sistema, dice Michael Tanner del CATO, es que el dinero recaudado no
va a un fondo de pensiones sino que se utiliza para emitir bonos y solventar
gastos corrientes. Una vez que el déficit se hace sentir, el “fondo” sólo se
puede mantener aumentando los impuestos o recortando gasto. Es importante notar
que cuando la gente cobra su jubilación no se le está devolviendo “su dinero”.
Su dinero ya fue gastado por otros jubilados; lo que están recibiendo es dinero
sacado del bolsillo de los obreros y la clase media.
Tampoco está
solventando un seguro de vida porque allí la gente paga voluntariamente a una
empresa para que en caso de accidente o invalidez su familia no pase
necesidades. Ese seguro, además, está garantizado por una empresa que cotiza en
acciones mientras que la Seguridad Social le quita a la gente compulsivamente
los frutos de su trabajo. En otras palabras, el sistema depende de extraerle
dinero a trabajadores futuros sin consultarlos previamente violando la libertad
de elección individual. Si un ciudadano cualquiera quisiera hacer lo mismo, iría
directamente a prisión.
El otro problema de este sistema es que cuando
se diseñó la esperanza de vida era mucho menor que ahora, con los cual cada vez
hay menos dinero para repartir. Todos los años los gobiernos amenazan con
retrasar la edad de jubilación negociando con sindicatos y partidos políticos el
reparto de la torta siempre a espaldas de la gente. Otros argumentan que es la
única manera de que los ancianos no caigan en la pobreza pero se olvidan de
decir que el sistema perjudica sobre todo a los pobres trabajadores, ya que a
ellos también se les extrae dinero de sus bolsillos.
En EEUU existen
excelentes propuestas para reformar el sistema; basta escuchar a expertos como
el chileno José Piñera para ver que el problema tiene una solución y que sólo
hay que tener el coraje político de tomarla. Parecería que Bush lo tiene y si lo
logra, dejará un enorme legado para los norteamericanos del presente y del
futuro.
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