J. R. Estévez Pozo .- House volvió el pasado lunes a las pantallas estadounidenses con el comienzo de la sexta temporada y está dando que hablar. No sólo por motivos técnicos sino porque el regreso del doctor más sarcástico permite filosofar, una vez más, sobre la vida.
TELEVISIÓN / Especial eldiarioexterior.com
En los foros de Estados Unidos se está analizando el arranque de la serie desde tres puntos de vista: relaciones personales, confianza y dolor-esperanza. A través de ellos, vemos cómo una persona para del plano de la soberbia, en el que intenta llevar la razón a costa de todo, hasta la humanidad pura en la que se expresa dolor, temor e inseguridad.
En cuanto a las relaciones personales, observamos cómo el doctor House pasa de todos las demás personas del asilo donde se encuentra. No tiene mayor interés que en mirarse a sí mismo en el espejo, ignorando los problemas de los demás. Manipula a otros internos para conseguir sus locos objetivos. Se enfrenta a un duro dilema: o se abre a los demás o no tiene esperanza.
La palabra confianza en antónima de Gregory House. Es una persona que nunca ha contado nada, siempre está siendo sarcástico para evitar que los demás sepan qué piensa, qué esconde. Sólo tiene un amigo (James Wilson) quien no lo sabe todo del doctor.
Dolor, esperanza, amor, desamor… en la vida de House todos estos estados se entremezclan tan rápido que nuestro médico ni se entera de los buenos. Por ello, se pone una coraza y se comporta como “una persona miserable” (palabras de House) y culpando de todo a su pierna dolorida.
Pero en este arranque de temporada (capítulo doble llamado ´Broken´) todo cambia, todo es diferente… mientras que a la vez es igual. Pero House nunca volverá a ser el mismo porque su alma está desnuda. El próximo lunes se comprobará si su mejoría es real o ficticia.
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