Sus trabajos en torno a la ciencia política y a los sistemas políticos se han aproximado al mundo de la comunicación cuando ha analizado el papel de los medios en la sociedad actual, especialmente en Homo videns. Sus afirmaciones sobre la influencia de la inmigración en las sociedades de acogida y su manera de diferenciar el verdadero racismo de otro mal entendido, le han caído muy mal a la izquierda más visceral pero políticamente correcta.
Esta semana nos fijamos en…
Giovanni Sartori nació en la ciudad italiana de Florencia en el año 1924. En
1946 se licenció en Ciencias Sociales en la Universidad de Florencia. Como
docente de Filosofía Moderna, Lógica y Doctrina del Estado impulsó la creación
de la primera Facultad de Ciencias Políticas en Italia, la Cesare
Alfieri.
Más tarde, en 1971 fundó la Rivista Italiana di Scienza
Política. También ejerció la docencia en las universidades de Stanford, Yale,
Harvard y Columbia. Es doctor honoris causa por las Universidades Georgetown de
Washington (Estados Unidos), Guadalajara (México) y Buenos Aires (Argentina).
Sus trabajos en torno a la ciencia política y a los sistemas políticos
se han aproximado al mundo de la comunicación cuando ha analizado el papel de
los medios en la sociedad actual, especialmente en Homo videns.
Sobre los partidos políticos
En materia de
partidos y de clasificación de sistemas electorales, la obra de Sartori es un
clásico. Uno puede mencionar una serie de nombres que componen la gran línea de
investigación o producción de ciencia política, desde Mitchels, pasando por
Maurice Duverger, Joseph La Palombara, Sartori, Myron Weiner, Seymour Lipset,
Stein Rokkan, Douglas Rae, Arens Lijphart, Dieter Nohlen. Simplificando un poco,
se hablaría de una gran línea clásica que integran Mitchels, Duverger, La
Palombara, Sartori y Nohlen, que sería hoy lo último, lo más moderno, lo más
reformulado en materia de clasificación de sistemas de partido y sistemas
electorales. Esa es una línea de investigación muy prolija, de análisis y
estudio de ingeniería, de búsqueda de descripción y de efectos.
Es
miembro de la Accademia Nazionale dei Lincei y editorialista de Corriere della
Sera. Desde 1988 es vicepresidente de Societá Libera, destinada al estudio y la
promoción de los ideales liberales en la sociedad.
Sus opiniones sobre los inmigrantes
Hace algunos
años el pensador italiano, también conocido como el príncipe de la ciencia
política de la izquierda liberal de Europa, abrió la caja de pandora al afirmar
que la llegada incontrolada de inmigrantes que no quieren integrarse en su
sociedad de acogida supone un riesgo para el pluralismo y la democracia. Lo hizo
cuando presentó su libro-panfleto Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros,
un análisis lúcido, político y sociológico, que concluye en lo que supone un
apéndice provocador y refrescante, para muchos muy cuestionable o condenable
incluso, en todo caso controvertido.
En el libro comentaba que el mayor
reto para las sociedades desarrolladas en las próximas décadas es la inmigración
o la incursión descontrolada de personas de culturas diferentes o antagónicas
que buscan un porvenir en un medio social que les es ajeno, siempre difícil y
que muchas veces consideran hostil.
Y es que este liberal de izquierdas
de quien mucha izquierda abomina, tiene la virtud de decir muy claramente lo que
tantos otros piensan difusamente y no se atreven a formular por miedo a ser
tachados de desviacionistas, reaccionarios o incluso racistas.
Pensador valiente
Hoy que tantos temen pecar de
incorrección política y ser condenados al ostracismo político e intelectual por
opiniones que no concuerdan con las verdades al uso, Sartori vuelve a mostrarse
como el pensador valiente que siempre ha sido. Dicen algunos que demasiado
valiente para ser consistente. Es posible. En todo caso, sin él u otros como él,
el debate sobre la sociedad moderna en general, y en este caso sobre la
inmigración en particular, sería más triste, sumiso y romo.
Otra de sus
manifestaciones explosivas se produjo hace poco más de un mes, en el marco de
las jornadas ´La Revolución de la Libertad´ organizadas en la Universidad San
Pablo CEU por la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES).
Allí, ante la presencia de José María Aznar, el politólogo italiano Giovanni
Sartori alertó de que la izquierda que surgió tras la caída del muro de Berlín
ha dividido a Occidente con una construcción que no se podrá derrumbar “a menos
que nos demos cuenta de que estamos en peligro”.
La era postcomunista y
la caída del muro de Berlín, fueron los temas que centraron su intervención,
propiciaron un escenario democrático ante el que se mostró pesimista ya que, si
contra el comunismo Occidente se unió en una Guerra Fría muy larga, ahora, con
el nuevo enemigo Occidente está dividido. Y el argumento que explica esta
fractura se debe, según su opinión, a que la sociedad es blanda y a que la
mentalidad comunista sigue existiendo y vengándose de la democracia liberal.
Generaciones blandas
Además,
consideró que “las nuevas generaciones son blandas; hemos perdido nuestro
carácter, vigor; quieren vivir lo más felizmente posible y no les gusta pensar
en cosas desagradables, prefieren esconder la cabeza en la arena y no ver la
realidad”. Todo esto ha dado como resultado, desde 1989, una realidad que ha
dado paso a una situación internacional sorprendida porque la destrucción del
muro no originó otras guerras sino la creación de “nuevos muros que se erigieron
para proteger pequeñas identidades nacionales, unas de verdad y otras
sospechosas, a excepción de Iraq”.
En este encuentro también se refirió
al nacionalismo como una forma extrema de la identidad nacional y citó como
ejemplo al problema vasco que es, bajo su punto de vista, muy parecido al de
Irlanda, pero que, aunque va contra sus instintos, afirmó no saber cómo
remediarlo. El politólogo aludió también al choque de civilizaciones provocado
por la modernización, que ha sido asumida por Occidente pero no por el Islam,
que no puede absorber nada porque siente amenazadas sus raíces.
En este
contexto, el italiano consideró que “fue un error que Estados Unidos
interviniera en Iraq, ya que la democratización de los países islámicos no se
podrá lograr hasta que sus sociedades no separen política de religión”. En este
punto recalcó que el gran problema y la dificultad está entre iniciar una
democracia real con un sistema constitucional y judicial, y enraizar esa
democracia. En cuanto al argumento de que la civilización occidental y el islam
actual son fundamentalmente incompatibles, Sartori asegura que “creo que es
cierto y estoy dispuesto a defenderlo”.
La mejor
sociedad
A la hora de establecer cuál es el mejor tipo de
sociedad, tanto para el individuo como para ella misma, el politólogo italiano
no duda en afirmar que la “comunidad pluralista es para mí esa buena sociedad
que se caracteriza por que, dentro de la diversidad, genera consenso e
integración. Si nuestra civilización, la democrática liberal, se basa en
convicciones realistas que preceden a las construcciones constitucionales y que
son, por medio de la tolerancia, la columna vertebral de nuestro sistema de
creencias. Este sistema es hoy perfectamente ajeno a las creencias religiosas”.
Para Sartori hay tres criterios para establecer la supervivencia en
diversidad. El primero es la negación del dogmatismo, es decir, precisamente
todo lo contrario que predica el islam. Cualquier cosa que uno haga tiene que
ser explicada por argumentos racionales. Todo acto tiene que ser explicado. No
vale eso de que Dios lo dice, o que es así.
El segundo es que ninguna
sociedad puede dejar de imponer el principio de impedir el daño y esto supone
que todas nuestras libertades siempre acaban donde supondrían un daño o peligro
de daño al prójimo.
Y el tercero y quizás más importante es el de la
reciprocidad. La reciprocidad dentro de la doctrina de la tolerancia supone que
no podemos ser tolerantes con la intolerancia. Yo soy tolerante como anfitrión,
pero tú tienes que serlo asimismo desde tu papel de huésped.
La importancia de la escuela
Sin embargo, a
pesar de lo dicho anteriormente, para el italiano hay una clave de integración y
aceptación de las reglas básicas de convivencia para los inmigrantes musulmanes
que es la escuela. “Es ahí donde la segunda generación debe completar una
integración que para la primera es imposible por su procedencia y nivel
cultural. Las escuelas especiales, islámicas o de cualquier otro tipo, sólo
fomentan la resistencia a la integración y la lucha cultural contra la sociedad
de acogida”. Por lo tanto, para él, la integración no pasa por la ciudadanía.
Respecto al racismo que pueden provocar estas situaciones, Sartori
considera que, muchas veces no es tal, sino una reacción a situaciones molestas.
Y pone un ejemplo claro: “Hay mucha gente que protesta por situaciones, no por
ideología. Quien tiene una mezquita junto a su casa en Europa y se despierta a
las seis de la mañana con el grito al rezo del muhecín, ahora, además, con
altavoces, y lo sufre cinco o seis veces al día está molesto y harto, su casa
pierde valor y él quiere mudarse. No es un racista. Pero si protesta y cierta
gente le llama racista, acaba siendo racista por indignación”.
Así cree
“que hay mucho militante antirracista que genera mucho racismo. Y creo que mucho
político debería tener más en cuenta la ética de la responsabilidad frente a la
fácil ética de los principios. Cualquiera puede ser bueno en sus intenciones.
Pero quien no sea responsable en el ejercicio público y político, quien no tenga
en cuenta cuáles pueden ser las consecuencias de sus propias acciones, es un
irresponsable ante sus votantes, ante la sociedad entera y finalmente también
ante los propios inmigrantes”.
Teoría en dos
líneas
Finalmente, para entender la obra y línea de pensamiento de
este politólogo podría decirse que se encuentran dos grandes líneas en su
teoría. Una lo ubica en la investigación científica y el análisis de las piezas
de la ingeniería política, el ver cómo funcionan, clasificarlas e incluso tener
la pretensión de buscar leyes científicas que permitan avizorar comportamientos.
Una segunda línea de Sartori es la teoría de la democracia, sus
reflexiones sobre la democracia. Es más bien una obra de pensamiento, de
reflexión, aunque busca identificar una serie de elementos sobre qué compone la
democracia, qué la define, y sobre todo qué es democracia y qué no lo es.
Desde aquí podría valorarse y entenderse toda la obra de este prolífico
pensador italiano.
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