Política

Gordon Brown: Reafirmando sin complejos la “special relationship”


La semana recién finalizada ha sido de contrastes para el Primer Ministro británico, el laborista Gordon Brown. Por un lado, nuevo sondeo electoral que otorgaba una victoria contundente a los conservadores, provocando que la inquietud presida y caracterice los comportamientos de buena parte de la bancada laborista; por otro lado, en su visita a Estados Unidos se mostró contundente en su apuesta por las relaciones bilaterales con la Casa Blanca.

En este segundo aspecto debemos centrar nuestra atención ya que refleja el modus operandi del sucesor de Blair, quien en sus reuniones con Bush, Obama, Clinton y McCain, transmitió sus preocupaciones por las amenazas que sufre la democracia a nivel mundial y su deseo de afrontarlas sin ningún tipo de dudas y ambigüedades.

Brown dejó su sello personal en Estados Unidos y más importante aún, lanzó un aviso de que su lenguaje y discurso político no se verá alterado en lo concerniente a las relaciones con Estados Unidos. La Special Relationship y el leit motiv principal de ésta como es la defensa de occidente y de sus valores frente a la amenaza totalitaria-terrorista, han recibido una dosis considerable de fortalecimiento.

Observamos, por tanto, un continuismo muy saludable con respecto a sus antecesores en el cargo Tony Blair y Margaret Thatcher. Así, frente los problemas intrapartidistas por los que atraviesa el Labour, Brown ha ratificado su credo en política exterior durante las últimas semanas: en la Internacional Socialista, euroesceptismo; en Estados Unidos, priorización de Washington como socio clave en la derrota de los enemigos de la democracia.

Aceptar legados políticos como propios no supone en ningún caso un ejemplo de pragmatismo o de ausencia de ideas sino de realismo y de afán por realizar una gestión eficaz. Brown tiene experiencia en ello, pues debemos recordar que su brillantez como Ministro de Economía se debió a la asimilación del legado económico procedente del Tacherismo.

Ahora en política exterior ha repetido actuación: si con Blair la Special Relationship recobró la vitalidad de la época del binomio Thatcher-Reagan, Brown no se ha dejado llevar por condicionantes electorales para desnaturalizarla. Esta postura contrasta con el relativismo militante que está ejerciendo su rival David Cameron al frente del Partido Conservador.

En definitiva, las inquietudes del ala izquierda de su partido y las presiones electorales, no deben hacer perder de vista a Brown quienes son sus verdaderos aliados y objetivos. Con Blair el Labour se convirtió en el Partido Natural de gobierno y dejó como gran herencia a su formación ser un actor potencialmente ganador. Sin embargo, si hoy en día el electorado percibe que el elemento caracterizador del Laborismo es la fractura interna, la división de los años setenta reaparecerá. Como sucediera entonces, el resultado será una travesía por el desierto sin duración determinada.

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