Los equipos de extinción están desbordados y muchas veces son los propios vecinos los que tienen que enfrentarse a las llamas. Un ejemplo es la aldea de Frixa, en la península del Peloponeso. Los vecinos que pueden se marchan en coche de sus casas sin mirar atrás.
Las llamas siguen devorando Grecia, con más de cien incendios ardiendo sin control. Los equipos de extinción están desbordados y muchas veces son los propios vecinos los que tienen que enfrentarse a las llamas. Un ejemplo es la aldea de Frixa, en la península del Peloponeso.
Una mujer, a medio vestir, ha tenido que salir a toda prisa de su casa y no puede hacer nada por salvar su hogar de las llamas. Algunos de sus vecinos intentan apagar el devastador fuego con los limitados recursos que tienen. A la aldea de Frixa, muy cerca de la antigua ciudad griega de Olimpia, los bomberos no van acudir. No dan a vasto con los más de cien focos que azotan el sur del país. En cuestión de minutos toda la aldea va a ser pasto de las llamas. El humo, la ceniza y el calor son ya insoportables.
Los vecinos que pueden se marchan en coche de sus casas sin mirar atrás. Otros que no tienen medios no saben qué hacer ante la inminencia de las destructoras llamas. En el último momento llega el ejército griego a la aldea. Los helicópteros militares sacan a los últimos aldeanos del infierno. Su aldea ha quedado arrasada y han perdido sus hogares, pero milagrosamente han salvado la vida.
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