Política

Guinea Ecuatorial, 30 años de dictadura de Obiang con la tortura como “práctica habitual”

EP/EDE.- Teodoro Obiang Nguema cumple treinta años de detentar el poder en Guinea Ecuatorial. El régimen asegura que su gestión ha traído una época de avances democráticos, económicos y sociales. La verdad es que la violación a los derechos humanos es “práctica habitual”, las elecciones son calificadas de fraudulentas y la población, a pesar del petróleo, sobrevive con menos de un dólar al día.

MUNDO / El régimen se sostiene del petróleo

El lunes 3 de agosto, Guinea Ecuatorial celebra la “Fiesta de la Verdadera Libertad”, en conmemoración del golpe de Estado efectuado hace treinta años por el dictador Teodoro Obiang Nguema Mbasogo contra el régimen de Francisco Macías Nguema. La asonada,  según Malabo, inauguró una época de avances democráticos y desarrollo económico y social. En plena efeméride, la dictadura muestra particularmente beligerante contra los informes nacionales e internacionales en los que se le acusa de mantener a la población en la pobreza pese a los altos beneficios del petróleo y de violar gravemente los derechos humanos.


 


Las principales ceremonias conmemorativas tendrán lugar en Evinayong, capital de la provincia del Centro Sur (región continental), en la que se inaugurarán “varias obras de infraestructuras” y habrá una “manifestación pacífica en la que intervendrán los representantes de los partidos políticos del país y el propio presidente”, además de una misa de acción de gracias en la catedral y todo tipo de festejos populares.


 


Democracia avanzada


 


Según el Ministerio de Información, Obiang puso fin a “la era oscura” de Macías, durante la cual “se anularon las libertades” y en la que “más de la tercera parte de los guineanos fueron asesinados o tuvieron que huir (…), se destruyeron las infraestructuras” y Guinea Ecuatorial “se sumergió de nuevo en la era prehistórica”.


 


“Desde 1979 hasta hoy”, según el ministerio, “el proceso de democratización emprendido por Guinea Ecuatorial se ha materializado en la implementación de numerosas e importantes reformas”, y en 1991 se instauró el régimen “de democracia multipartidista”. Desde ese momento “cada cinco años se celebran elecciones legislativas y presidenciales”.


 


 En 1987, Obiang fundó su partido único, el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), y en 1991 se aprobó la actual Constitución, que consagraba las libertades de expresión, circulación, asociación, reunión y manifestación y el derecho al hábeas corpus y a no ser privado de libertad sin orden judicial, al tiempo que sometía le legislación guineana a las obligaciones internacionales.


 


En 1993, se autorizó la creación de partidos políticos. En las últimas elecciones, en mayo de 2008, el PDGE obtuvo 99 de los cien escaños del Parlamento. La Junta Electoral y los observadores internacionales (en realidad, tres diputados españoles que recorrieron una docena de mesas electorales entre Bata y Evinayong) afirmaron que los comicios fueron “transparentes”, pero la formación opositora Convergencia para la Democracia Social (CPDS) -que obtuvo el escaño restante- denunció “irregularidades muy graves” y calificó las elecciones de “retroceso”. Obiang no aceptará ninguna supervisión internacional en las próximas elecciones presidenciales, previstas para diciembre.


 


Práctica habitual


 


El pasado 31 cde julio, la dictadura aseguró que el último índice del Global Index Peace mostraba que el nivel de respeto de los derechos humanos había alcanzado este año “la misma tasa en Guinea Ecuatorial que en España”. No obstante, el relator especial de la ONU sobre la tortura, Manfred Nowak, afirmó el pasado mes de noviembre que la tortura es una “práctica habitual” y denunció la corrupción endémica, la falta de hábeas corpus, las detenciones arbitrarias y la impunidad.


 


El pasado mes de mayo, CPDS denunció que las violaciones de los derechos humanos “siguen siendo una realidad indiscutible” y lamentó el apoyo que recibe Obiang de algunas potencias democráticas interesadas en controlar “la producción de petróleo y de gas”. En su próximo informe sobre Guinea ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Amnistía Internacional denuncia torturas, muertes bajo custodia, juicios sin garantías, detenciones arbitrarias y reclusiones en régimen de incomunicación. En un reciente encuentro con periodistas españoles, Obiang se mostró orgulloso de que le llamen “dictador” porque él es quien “dicta las normas”.


 


El petróleo


 


A principios de los años noventa, Guinea Ecuatorial descubrió que nadaba en petróleo. Las primeras labores de búsqueda correspondieron a una empresa mixta hispano-guineana, GEPSA, que tras varios años de prospecciones no fue capaz de encontrar nada. En 1990, la compañía estadounidense Walter International reemprendió la búsqueda, y obtuvo, según palabras del régimen, un “éxito inmediato”.


 


Desde entonces, según Malabo, “la explotación petrolífera ha permitido a Guinea Ecuatorial desarrollarse, crecer, alejarse del duro panorama que asola a la mayor parte del continente africano”. El país produce en la actualidad alrededor de 380.000 barriles de petróleo al día. Una buena parte está en manos de grandes multinacionales, como la estadounidense Exxon Mobil, que factura alrededor del 75 por ciento del crudo.


 


El país, asegura el régimen, destina “más de un billón de euros anuales a obras públicas” gracias a este maná. Pero, en octubre de 2008, fuentes humanitarias y de la ONU denunciaron, que, a causa de la corrupción y la mala gestión de los beneficios del petróleo, el sesenta por ciento de la población guineana vive con menos de un dólar al día, que la mitad de las casas carece de agua potable y que el país sufre una de las tasas de mortalidad infantil más altas del planeta.


 


En junio de este año, el Comité Católico contra el Hambre y por el Desarrollo (CCFD) aseguró que “la fortuna amasada por el clan Obiang está estimada entre quinientos y setecientos millones de dólares”. El dato se basa en un informe de 2004 del Senado de EEUU según el cual el banco Riggs de Washington tenía setecientos millones de dólares procedentes del petróleo en cuentas “sospechosas” pertenecientes a Guinea Ecuatorial. El banco se declaró culpable y fue condenado a una fuerte multa.

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