El pasado miércoles el presidente de Ecuador, Lucio Gutiérrez se vio obligado a salir del Gobierno después de perder el apoyo de todos los estamentos de la sociedad, incluido el Ejército. Ahora, las riendas del país las ha tomado el vicepresidente, Alfredo Palacio que deberá demostrar a la ciudadanía que todavía puede confiar en la clase política.
Después de una semana de incidentes en varias ciudades ecuatorianas, que derivaron en una gran manifestación en la capital, Quito, el pasado martes, el presidente del país, Lucio Gutiérrez, se ha visto abocado a la salida del Gobierno cuando el Ejército también, le negó su apoyo. Antes de esto, el Parlamento le había destituido por “abandono del cargo”.
Por su parte, el Ejército, mediante comunicado justificaba la retirada del apoyo al presidente señalando que los jefes de las tres ramas de las Fuerzas Armadas, “se han visto obligados a tomar la dura decisión de retirar el apoyo al señor presidente Constitucional de la República “para preservar” la seguridad ciudadana y retornar a un ambiente de paz y tranquilidad”.
Así las cosas, y después de un intento desesperado de reconducir la situación exigiendo a Abdalá Bucaram que saliese del país, Gutiérrez intentó huir el miércoles por la noche en helicóptero de Ecuador, pero las primeras informaciones apuntaban a que fue detenido en un cuartel militar a las afueras de Quito.
Sin embargo, después de este rumor, el ministro consejero de la Embajada de Brasil afirmó que Gutiérrez se encuentra en este lugar, desde donde ha solicitado asilo diplomático al país sudamericano, que ya le ha sido concedido y sólo faltan los trámites.
El embajador brasileño en Quito, Sergio Florencio, afirmó que Brasil decidió conceder asilo político a Gutiérrez para contribuir a una solución pacífica de la crisis. Mientras, la Fiscalía de Ecuador había dictado orden de prisión contra Gutiérrez por “delito flagrante” por haber ordenado a las Fuerzas Armadas y a la Policía que reprimieran las manifestaciones de miles de ciudadanos en Quito, lo que provocó, por lo menos, dos muertos.
El vicepresidente de la República, Alfredo Palacio, ha sido designado como nuevo presidente del país andino y, precisamente, una de sus primeras decisiones fue la de cerrar las fronteras para evitar que saliesen del país, tanto Gutiérrez, como otros políticos tales como Abdalá Bucaram, cuyo regreso a Ecuador hace dos semanas desencadenó la crisis.
El desencadenante de la crisis
Para los expertos, la falta de determinación para acabar con la corrupción que gobierna el país ha sido lo que ha acabado con Gutiérrez, el ex militar que encabezó el golpe de Estado que derrocó al presidente Jamil Mahuad en el año 2000, y que dos años después ganó las elecciones y tomó posesión el 15 de enero de 2003 como presidente de la República.
A pesar de su victoria, su partido, la Sociedad Patriótica (PSC), sólo logró hacerse con cinco escaños en los cien que componen el Congreso ecuatoriano, lo que obligó al presidente a pactar con otros partidos. El primer error fue asociarse con el partido de Bucaram.
El nombre de Bucaram ha sido clave en el desencadenamiento de la crisis. Fue la decisión del nuevo presidente del Tribunal Supremo de anular los juicios contra los ex presidentes Bucaram, Noboa y el ex vicepresidente Álvaro Dahik; acusados de corrupción y que regresaron al país hace 15 días, los que provocaron las revueltas en diferentes ciudades. Esta revueltas, que se dieron en llamar “la rebelión de los forajidos” se han saldado, por lo menos, con dos muertes.
Antes de esto, casi cuando llegó al poder, Gutiérrez procedió a una reforma del Supremo por la que reemplazó a 27 de los 31 jueces que lo conforman. Esto fue interpretado como un acto sumamente autoritario lo que obligó al ministro del Interior, Jaime Damerval, a dimitir.
Y ahora, ¿qué?
Es seguro que la caída de Gutiérrez abre una nueva crisis en Ecuador. Algunos analistas hablan de la posibilidad de que se produzca una fractura social y las consiguientes guerras entre elites que luchan por el poder.
El actual presidente, Alfredo Palacio, un cardiólogo de 66 años, que ha sido ministro de Sanidad y no está inscrito a ningún partido, cuenta entre sus pacientes con afamados afiliados de los diferentes partidos de Ecuador, como el Partido Social Cristiano (PSC) y del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE), del ex jefe de Estado Abdalá Bucaram. Tal vez por esta razón, se ha ganado la confianza de los políticos de diferentes tendencias.
Palacio comenzó su acercamiento a Gutiérrez durante la guerra del Cenepa (1995) entre Ecuador y Perú por problemas de límites fronterizos. Y es que en esa época conoció a Eddy Sánchez, cercano a Gutiérrez, y este le recomendó como candidato a la Vicepresidencia.
El pasado miércoles, después de hacerse con el sillón presidencial no quiso engañar a nadie y afirmó que “Ecuador tiene una crisis realmente profunda, que se divide en dos aspectos: legalidad y legitimidad. Ninguno de los dos se solventa con el cambio de cortes o de la cabeza del Gobierno”.
Además aprovechó para criticar a Lucio Gutiérrez por haber “olvidado pagar la deuda social” y recordó que desde hace más de un año él viene advirtiendo de que el país “se cae a pedazos, estaba en terapia intensiva y se iba al diablo”.
Repercusión internacional
El ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, afirmó el jueves que “hay múltiples interpretaciones” del artículo de la Constitución utilizado para destituir al presidente Lucio Gutiérrez por abandono de cargo, por lo que se está estudiando la legitimidad de la medida en el marco de la OEA, que convocó el viernes una reunión extraordinaria en Washington.
El ministro indicó que desde la noche de los hechos ha estado en contacto con la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, y con los cancilleres de México, Argentina, Colombia y de Perú, Manuel Rodríguez, que ejerce la presidencia de la Organización de Estados Americanos (OEA), y que todos coincidían en la necesidad de hacer “un llamamiento al diálogo nacional y el estricto cumplimiento de la estabilidad institucional” en Ecuador.
Ahora sólo falta por ver si este médico de prestigio, que cuenta con varias publicaciones y premios profesionales en su haber, puede poner rumbo a un país que, por desgracia no puede tener mucha confianza en su clase política ya que siempre ha terminado defraudando a los ciudadanos.
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