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Humala y Fujimori pueden ser la misma cosa

Los partidos políticos han dinamitado sus necesarias referencias ideológicas y queda ahora ver como se organizan en las bancadas congresuales

Embriagada por un vertiginoso crecimiento, “todo” parecía posible para una clase política peruana que ha demostrado altas dosis de inmadurez y desproporción mediática. No significa eso que no hubieran candidatos buenos y propuestas sensatas pero todo ha sucumbido al fulanismo. Sea cual sea el resultado, el próximo 5 de junio, el mensaje que Perú va a trasmitir al mundo es un mensaje de incertidumbre. Diría más. Es ya la incertidumbre el resultado cierto de estas elecciones.
 
Lo que ha sucedido en el Perú no es muy complicado de entender. Han tenido una campaña espejo de sus propias carencias políticas y resultado del devenir de años de un pertinaz revuelo y exagerado fulanismo político. Claro que el fulanismo en  política no es pecado que al Perú le corresponda en exclusiva.
 
El Congreso se renovará asentado en un híper fraccionamiento sistémico e inmanejable. Y el transfuguismo, ojalá que no,  seguirá siendo noticia de cada día, al albur de nombramientos, prebendas y contraprestaciones. Los partidos políticos han dinamitado sus necesarias referencias ideológicas y queda ahora ver como se organizan en las bancadas congresuales para cumplir, unos, con la función de apoyar al gobierno legítimo y, otros, el imprescindible control democrático del ejecutivo
 
Ya de inicio, lo del partido gobernante, el APRA, fue de juzgado de guardia. Alan García y su entorno dinamitaron la candidatura de la exitosa y dicen buena candidata, Mercedes Aráoz. Siendo el APRA el único partido peruano con “hechuras” de partido, la maniobra fue realmente increíble. Parece que tiene el tema truco y Alan García ambicionaría, de esta manera, poder volver en 2016 con el campo despejado de contrincantes internos. Lo mismo se encuentra con un partido devastado y ya veremos donde quedan las amplias bases del aprismo izquierdista si Humala consigue ser presidente del Perú.
 
Por lo anterior, dicen algunos analistas, estuvo ausente el centro izquierda de las presidenciales. Pero, quizá, ese centro izquierda  es que ni siquiera existe todavía. ¿Y el centro derecha? Fraccionado, dividido, partido y envuelto en líos. Tampoco parece que exista un centro derecha en el Perú y los intentos que hubieron en el pasado han sucumbido a la marea fulanista y muchos se han marchado “hartos ya de estar hartos”.
 
En los extremos de este panorama de confusión partidaria están: el “buen soldado” chavista Ollanta Humala, hoy en manos de brasileños asesores, y la vástaga de un Fujimori encarcelado. Izquierda radical y radical derecha se diría a fuer de simplificar las cosas.
 
Esta puede ser una manera de ver el panorama peruano en su primera vuelta:
 
El binomio Kuczynski-Toledo, hubiera ganado tanto a Humala como a Fujimori. El binomio Castañeda-Toledo o Castañeda-Kuczynski hubiera derrotado a Fujimori pero no a Humala. El Trinomio Kuczynski-Toledo-Castañeda hubiera superado ampliamente a Humala y duplicado los votos de Fujimori. Humala y Fujimori juntos han conseguido más votos que el resto de candidatos perdedores.
 
Uno de los problemas políticos del Perú es que no se sabe, de momento, que programas fueron mandados a la oposición y cuales al gobierno y ahí andan perdidos, los que han perdido, reflexionando en como orientarán el voto de sus huestes. Mala cosa ahora lo del voto obligatorio. Mala cosa también que se crean obligados a pronunciarse para el 5 de junio los que no alcanzaron el balotaje.
 
Podrán discutirse leyes y procedimientos electorales pero las reglas fueron para todos iguales. Ahora toca aceptar la derrota, “muy” personal, de quienes no supieron acertar y toca defender desde la oposición ideas y programas por respeto al elector y dignidad democrática. Afortunadamente, pienso, tener un voto más no significa necesariamente tener también la razón o estar en la verdad por decisión de la regla de la mayoría.
 
Me comenta un amigo peruano, liberal, que al final Humala y Fujimori pueden ser la misma cosa y que si juntos sacaron más votos que el resto, y como esas son las reglas, pues que gobiernen ellos. Me dice –respetuoso- que ninguno de los peruanos equivocó su voto fuera donde fuera y piensa, ahora, que Humala y Fujimori se las apañen solitos y que sus opciones le provocan desasosiego e incertidumbre democrática.
 
Opina también que los diputados que consiguieron su elección y resultaron perdedores en las opciones presidenciales de sus lideres, deben unir sus fuerzas para hacer oposición al gobierno que resulte, sea el de Humala o Fujimori que lo mismo da y que tienen la obligación de defender juntos las instituciones democráticas republicanas y la libertad de los peruanos todos. Recuerda a los congresistas que el crecimiento, el desarrollo y la prosperidad es al final resultado del trabajo y esfuerzo de los peruanos y que a los gobiernos lo único que se les debe exigir es precisamente que no lo impidan.
 
Mi amigo peruano asegura que no va a votar en la segunda vuelta y que pedirá a Alan García,  a Kuczynski, a Toledo y Castañeda le abonen, por favor, la multa correspondiente.

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