Europa, Política

Intervención militar y democracia

¿Qué amerita intervenir en otros países en pro de principios democráticos?

El miércoles 6 de Julio de 2016, después de 6 años y de haber gastado más de £10 millones en su elaboración, se presentó el Informe Chilcot al primer ministro y Parlamento británicos. El informe examina la conducta del gobierno británico antes y después de la invasión de Irak. Resalta varios puntos y uno de ellos fue la participación militar en el conflicto:

El Reino Unido eligió unirse a la invasión de Irak antes de que las opciones pacíficas para el desarme hubieran sido agotadas…la acción militar en ese momento no era el último recurso”.

El informe establece el fallo de decisiones de la administración del entonces primer ministro británico Tony Blair (1997-2007) sobre la inteligencia provista y la falta de equipos para las fuerzas armadas. Sin embargo detrás de todo el debate que se ha desatado con el informe, por debajo de la mesa existe un debate más importante: ¿Qué amerita intervenir en otros países en pro de principios democráticos?

En nuestro mundo existe una alianza cínica y siniestra entre dos vertientes ideológicas en el campo de las relaciones internacionales. Una es la de los liberales internacionalistas cuyo aporte ha permitido crear la narrativa para este tipo de intervenciones. La otra vertiente es la de los neoconservadores, cuya fuerza es muy influyente en el mundo de la política militar e internacional con la democracia como objetivo final.

Los neocons creen que los países deben exhibir su fuerza militar, económica y política como medio para promover sus intereses. Estos intereses se centran en la promoción de la democracia como método de mantener la paz y se basan  en la teoría de la paz democrática. Esta teoría defiende la tesis de que las naciones democráticas no luchan entre ellas. Por otro lado están los liberales internacionalistas, que buscan crear estructuras liberales dentro del orden internacional donde se promuevan ideas liberales como sistemas políticos democráticos.

La alianza de estas dos vertientes ha permitido la creación de una narrativa en la que los países occidentales deben intervenir otros países para promover ideales democráticos. Una de las intervenciones contemporáneas bajo esta preocupante narrativa es la intervención de la OTAN en Libia. La campaña aérea de la OTAN, en favor de desconocidos rebeldes contra el gobierno del dictador Gadafi, fue parte esencial en el colapso del gobierno libio.

A cinco años ya de esta intervención, que fue para “proteger” al pueblo y promover un sistema democrático en el país, hemos visto todo lo contrario. Libia es en estos momentos un país sumido en el caos y está creando una inestabilidad en la región que se está desbordando hacia otros países. Libia es realmente una creación colonial, constituída por diversas tribus. Durante los años de Gadafi fue una columna de estabilidad en la región. Ahora, debido a la intervención con el fin de promover ideales democráticos, Libia se ha convertido en caos de inestabilidad y nido de terroristas islamistas.

El caso de Irak puede considerarse otro ejemplo de esa política, en donde se intervino y se intentó establecer un régimen democrático, sin tomar en consideración principios que rigen el pensamiento conservador como la historia, la cultura, las instituciones y la religión que influyen en la sociedad. Los resultados son decepcionantes ya que tratar de imponer ideales democráticos es errado ya que el imponer hace caso omiso de la diferencia de cómo diversas sociedades ven la vida y la libertad.

Yo pienso que la democracia no es la gran cosa. Pero entiendo que es un sistema que funciona en muchos países y que está en los intereses de Occidente que existan más países donde la libertad, el orden, el respeto por las leyes y los derechos naturales sean parte esencial del tejido social. Sin embargo, la democracia no se debe imponer con la guerra usando la narrativa sobre la necesidad de expandir los ideales democráticos como el factor que influya en la decisión de intervenir o no intervenir en otros países.

© Libertad.org

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