Política

Irak se fortalece en el consenso

Editorial
En menos de una semana, Irak ha vuelto a ser una tierra de contrastes, donde el terror y la esperanza democrática conviven a la par. Mientras se van conociendo lentamente los resultados de los últimos comicios, ayer al menos tres coches bomba y varias explosiones en las rutas golpearon a las fuerzas de seguridad de Estados Unidos e Irak en Bagdad y la ciudad norteña de Kirkuk, matando al menos a ocho personas.

En los últimos diez días se registró una relativa disminución de la violencia a pesar del referendum constitucional del 15 de octubre y el comienzo del juicio a Saddam Hussein por crímenes de lesa humanidad. Pero los comandantes estadounidenses advirtieron sobre más ataques en la carrera a las elecciones del 15 de diciembre, que temen serán interrumpidas por los insurgentes.

Al mismo tiempo, conocíamos los resultados definitivos del referéndum constitucional del pasado sábado en Irak comunicados ayer la Comisión Suprema Electoral (CSE) y muestran una clara victoria del “Sí”, a falta de saber el resultado en cinco provincias clave. El “Sí” a la nueva constitución ganó con porcentajes que van del 51 al 99 por ciento en todas las provincias de Irak a excepción de la provincia suní de Salahedín (con capital en Tikrit), donde sólo obtuvo un 18 por ciento de los votos.

Esto significa el destierro de todos los “mitos” que la prensa antiamericana propagó sobre Irak en los últimos meses diciendo, por ejemplo, que el terror wahabí, financiado por, y reclutado entre, saudíes radicales era “una insurgencia” o “una resistencia” causada por las acciones del presidente Bush; que los árabes sunníes de Irak respaldaban la presunta insurgencia, se oponían en bloque al proceso constitucional y evitarían su finalización y que la persuasión anti-chi´í por parte de los gobernantes saudíes y otros sunníes sellaría la oposición sunní a la nueva realidad de Irak. La inclinación a último momento de los sunníes a favor de la Constitución desmentía todos aquellos fundamentos.

Hacia agosto del 2005, había una “posición” sunní hacia el debate constitucional. Muchos de entre ellos se distanciaban del “rechazo a todas las constituciones” del terrorista de Al Qaeda Zarqawi a “la crítica a esta constitución”. La integración entre los clanes será lenta, pero está lográndose. El consenso nacional no es total, pero se está ampliando y consolidando, poco a poco. Hacia el 15 de octubre, una mayoría aplastante de iraquíes ha puesto punto y final al pasado dictatorial y rechazado la agenda terrorista.

A medida que transcurre el juicio a Sadam, el consenso nacional se amplía y se consolida como lo demuestra los millones de iraquíes que votaron el pasado sábado desafiando a las vastas redes del jihadismo y a las muchas dictaduras de la región, depositando sus votos para elegir a centenares de candidatos y constituir una asamblea. La nueva república dio lugar a un parlamento a pesar de los llamamientos en favor de un emirato por parte de al Qaeda y la escéptica Liga Árabe. Ese fue el comienzo del viaje democrático del país.

Hoy queda claro que la insurgencia carece de apoyo popular, incluso sunní. Pero esto no puede permitir una relajación de las fuerzas de seguridad ya que el peligro a tener presente es que la insurgencia de Irak podría convertirse en campo abonado para el terrorismo por toda la región, como un virus que contamine a otros estados árabes de la región en los próximos años.

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