Política

Juan Pablo II, el Papa que enfrentó y derrotó al comunismo

El largo pontificado del recientemente fallecido Juan Pablo II no ha dejado indiferente a nadie. Por encima de creencias o convicciones no se puede negar el papel de este hombre para conseguir que el bien se impusiese en el mundo. En este sentido, la labor del Santo Padre contra el comunismo fue fundamental.

Su papel para acabar con el Telón de Acero resultó determinante
El comunismo no cayó por las palabras, pero las palabras ayudaron. Así definió Lech Walesa el pasado domingo la labor del Santo Padre, Juan Pablo II, fallecido sólo un día antes, para acabar con la lacra del comunismo.

El líder del movimiento Solidaridad recordó cómo el Papa Juan Pablo II ayudó a su Polonia natal a zafarse de las cadenas del comunismo reflexionando sobre lo que significó para su movimiento la figura del Pontífice, oriundo de la pequeña población de Wadowice, en el sur del país.

Walesa recordó que al principio “no teníamos gente, no teníamos gran voluntad. Sólo había 10 personas dispuestas a trabajar conmigo y luchar por la libertad en una nación de 40 millones de habitantes”. En este momento crítico, un Papa recién elegido realizó su legendario viaje a Varsovia en 1979 y celebró una misa que convocó a un millón de personas. En ese momento, todo el mundo estaba pendiente de Polonia, “un país comunista”, y todos pudieron ver la veneración de la gente por el Papa.

“El Santo Padre nos dijo: ´No teman, cambien la faz de la tierra, sean fuertes creyentes´. Luego todas las personas pensaron en sus palabras y se levantaron. Recuperaron la voluntad de acción”, comenta Walesa, “si esto no hubiese pasado, el comunismo igual hubiera caído, pero en unos 50, 60 años”.

El Papa justo

Estas palabras son sólo un ejemplo de la labor que tuvo Juan Pablo II, no sólo en la tarea de dirigir los designios espirituales de muchas personas, sino en el plano político, en su afán de defender sólo a los Gobiernos que llevasen a cabo políticas justas con los pueblos.

Basta ver la cantidad de peregrinos que han querido honrar con su último adiós al Santo Padre para darse cuenta de que la personalidad de este hombre ha sido especial, ha enganchado a muchos en sus casi 26 años de pontificado.

Cuando ascendió al papado Juan Pablo II era un hombre joven, aspecto que, junto con su personalidad y sentido de la justicia, le hicieron cambiar algunas de las costumbres que hasta ahora habían tenido sus predecesores. El Papa viajero, el Papa de los jóvenes, el Papa de la libertad y la reivindicación del catolicismo en Europa oriental, fueron algunos de los calificativos que más se han repetido sobre él.

El pontífice de la concordia

El fallecido Juan Pablo II llevó por todo el mundo los principios doctrinarios más conservadores y ortodoxos de la Iglesia, en un activismo que le hizo convencer a la juventud de esos valores supremos de la virtud y la fe, mientras reconocía los grandes errores históricos de su congregación y buscaba la concordia con las demás iglesias, y sobre todo con la comunidad judía.

El Papa nunca flaqueó en sus convicciones y se enfrentó al comunismo latinoamericano y a la teología de la liberación, al entender que la bondad de sus principios se iba a utilizar para justificar nuevas dictaduras marxistas, ahora tropicales, a las que encaró personalmente con su tozudez de guerrero y con el dogmatismo de quien vino a librar una batalla frontal, sin cuartel y sin desmayo por la fe que él representó y la iglesia de la que fue heroico vicario.

Papel determinante

Pero antes su papel para acabar con el Telón de Acero fue determinante. Ya lo decía Walesa, con sus palabras y su presencia pudo demostrar al mundo que las creencias religiosas y personales no pueden ser abatidas por ninguna ideología.

Tampoco se amedrentó el Santo Padre a la hora de arremeter contra el “castigo del comunismo”, como cuando en diciembre de 2003 afirmó, con motivo del 70 aniversario del “Holomodor” ucraniano (el mayor año de hambre conocido en el país provocado por Stalin), “un proyecto inhumano puesto en marcha con fía determinación por los que tenían el poder en aquella época, el régimen comunista”.

En aquel momento, Juan Pablo II afirmó que “nunca más, las aberraciones del pasado deben servir para construir un futuro a medida del hombre, rechazando toda ideología que profane la vida, la dignidad y las justas aspiraciones de las personas”.

La espada contra la dictadura comunista

Así, puede decirse que Juan Pablo II fue la espada en Tierra en la lucha contra la dictadura comunista que había perseguido y diezmado a la cristiandad de Europa oriental, y en especial a un pueblo tan católico y devoto como lo es el polaco.

Cuando ascendió al pontificado, ese hombre del pueblo que representaba cabalmente a los más modestos estratos de los trabajadores polacos asumió su estrategia de lucha contra el comunismo, convirtiéndose en el verdadero guía.

Con la era de Juan Pablo II la dinámica mundial cambió radicalmente y el régimen comunista empezó a debilitarse con rapidez, a lo cual contribuyeron mandatarios como Ronald Reagan, al comprometerlo en un proyecto bélico denominado “Guerra de las Galaxias”, que lo hizo gastar sumas astronómicas en la nueva frontera de la lucha armada, la cual se había de dar en el espacio a precios descomunales que llevaron al marxismo a la quiebra. No hay que olvidar en este punto a Margaret Tatcher que hacía lo suyo para apoyar denodadamente ese combate a la opresión y a la destrucción de los valores humanos más elementales.

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