Política

Kioto y la demagogia ambientalista

Sus previsiones apocalípticas recuerdan a todas
aquellas profecías que no llegaron a cumplirse


Los ecologistas han conseguido con el Pacto de Kioto que hoy entra en vigencia
un triunfo espurio, adulterado e ilegítimo. Basado más en la propaganda que en
el análisis científico, ha dejado fuera la consideración de cientos de
meteorólogos, científicos y demás especialistas que se opusieron a sus premisas
desde un primer momento. Sus previsiones apocalípticas recuerdan a todas
aquellas profecías que no llegaron a cumplirse: los augurios pronósticos de
Malthus, las predicciones agoreras del Club de Roma sobre la escasez de recursos
naturales para fin de siglo y los documentales de Jacques Costeau donde hablaba
del fin de los mares.

Existe una historia paralela a Kioto, la de los
científicos derrotados, la de aquellos que prefirieron ser más amigos de la
verdad que de la vulgata ecologista. Hace poco sabíamos que Christopher Landsea,
de la División de Investigación de Huracanes de la Estación de Radio de la
Administración Nacional de Oceano y Atmósfera (NOAA) había renunciado al
comprobar que el IPCC (el informe anual del Grupo Intergubernamental de Expertos
sobre el Cambio Climático) se había politizado. Landsea se cansó de ver cómo los
ecologistas repetían que los huracanes se habían agravado con el cambio
climático, una falsedad que él, experto en ese tema, no estaba dispuesto a
propagar. “Nuestra evaluación del clima ha sido subvertida y su neutralidad se
ha perdido”, reflexionaba amargamente.

A la misma conclusión llegaba Pat
Michels, autor del magnífico y desmitificador libro Meltdown, en donde argumenta
que los científicos del clima no son ecuánimes y que viven exagerando las
amenazas de cara al público. Su hallazgo fue que los últimos IPCC niegan por
completo la información proporcionada por los satélites, dado que los mismos
indican que no existe calentamiento alguno estadísticamente significativo y que
la verdad de los termómetros contradice la desinformación de los propagandistas.


Un estudio similar empalidece a los fanáticos de Kioto al reconstruir la
actividad solar durante los últimos 11 milenios y concluir que, lejos de
pronosticar un recalentamiento, se predice una disminución de su actividad para
las próximas décadas. Así lo afirmaron recientemente los investigadores
dirigidos por Sami Solanski del Instituto Max Planck de Alemania.

Estos
analistas siguen la estela de aquel libro que denunció por vez primera al
fundamentalismo verde. Fue Bjorn Lomborg y su obra El ecologista escéptico quien
se enfrentó a la, ampliamente extendida, creencia de que la situación
medioambiental empeora sin cesar. Lomborg, profesor de estadística y antiguo
miembro de Greenpeace, criticó la forma en la que muchas organizaciones
ambientales hacían un uso selectivo y confuso de los datos científicos. Usando
los mismos datos que todo el mundo usa, desde los diversos gobiernos al
protocolo de Kioto, pasando por las diversas ONGs y analizándolos de manera
sistemática, el autor, llegó a la conclusión de que hay mas motivos para el
optimismo, que para el pesimismo, en contradicción con “la letanía” de la
destrucción del medio ambiente.

También hay que decir que la culpa no es
sólo de los “verdes” sino de ese periodismo que dramatiza a conciencia las
distorsiones que muchas veces les presentan algunos científicos. Muchas veces,
sus vagos estudios son podados y adornados con el objetivo de sumar tesis a
favor del sensacionalismo y el catastrofismo ecologista.

Lo que nadie se
atreve a responder a los escépticos es qué pasará cuando cierren, como pretende
el Gobierno de Rodríguez Zapatero, todas las centrales atómicas y nos dejen en
manos de las ineficientes y costosas “energías renovables”. ¿Cómo se puede
entender que sacrifiquemos años de investigación y progreso para volver a
paradigmas atrasados y esquemas de pensamiento rancios? No habrá más remedio que
recordar a Voltaire cuando señaló que “la idiotez es una enfermedad
extraordinaria; no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás”.

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