La Constitución Europea recibe fuertes críticas por impulsar una concepción de la cooperación y la ayuda al desarrollo que ha resultado ser un fracaso rotundo. Los críticos también acusan a los de Bruselas por querer “tranquilizar sus conciencias” con bonitas proclamas.
Polémico apartado promueve las ayudas financieras
En su acción exterior, la UE busca la promoción de la paz, el desarrollo y la cooperación internacional a través del diálogo político, el comercio y la ayuda al desarrollo. Estas herramientas han permitido a la UE ir tejiendo una red de acuerdos y asociaciones bilaterales, interregionales y multilaterales que abarcan los cinco continentes.
En los últimos años, dichas herramientas se han visto reforzadas con el desarrollo de una Política exterior y de seguridad común (PESC), que le está permitiendo asumir un papel más relevante en tareas humanitarias y de mantenimiento de la paz. Al mismo tiempo, la Unión busca asumir cada vez mayores compromisos en materia de seguridad a través de su Política de Seguridad y Defensa (PESD).
La Constitución Europea no ha olvidado este esfuerzo de la UE por la cooperación internacional y en el Artículo III-319.1 especifica: “Sin perjuicio de las demás disposiciones de la Constitución, y en particular de los artículos III-316 a III-318, la Unión llevará a cabo acciones de cooperación económica, financiera y técnica, entre ellas de ayuda, en particular en el ámbito financiero, con terceros países distintos de los países en desarrollo. Estas acciones serán coherentes con la política de desarrollo de la Unión y se llevarán a cabo conforme a los principios y objetivos de su acción exterior. Las acciones de la Unión y de los Estados miembros se complementarán y reforzarán mutuamente.”
Este es un apartado que ha sido muy criticado por expertos y analistas en materia de ayuda al desarrollo. Algunos han recordado el fracaso histórico de las “ayudas al desarrollo” y criticaron fuertemente a los redactores de la Constitución por haber querido “tranquilizar sus conciencias” con bonitas proclamas y olvidar que las ayudas rara vez ayudan.
En la página web “No a la Constitución Europea” se critica este apartado diciendo que “El desarrollo de los países pobres no vendrá ocasionado gracias a las dádivas de los Estados europeos, sino a la libertad comercial que les permita especializarse en productos intensivos en trabajo, precisamente aquel factor en el que tienen ventaja comparativa. Sólo así, será posible una progresiva acumulación de capital que aumente la productividad marginal del trabajo y, por ende, sus salarios”.
Más aún, el sitio británico “Vote No” les recuerda a los redactores de la Constitución Europea que ningún país jamás se desarrolló gracias a la ayuda externa. La experiencia indica lo contrario, que “asumen más deuda, destruyen los incentivos para crecer, devalúan los marcos jurídicos e institucionales y alimentan la corrupción al recibir dinero fresco en abundancia”.
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