Europa

La cooperación española se pierde en tópicos

El objetivo no debería ser únicamente llegar al 0,5% del PIB sino lograr que la ayuda no termine siendo pirotecnia financiera.


La secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Leire Pajín, destacó el importante paso dado para "construir una verdadera política de Estado en materia de cooperación internacional".

Además de las críticas que hizo Gonzalo Robles –dispersión de la ayuda, pérdida de Iberoamérica como lugar prioritario de la cooperación española, cifras abultadas y poco creíbles-, debe remarcarse que el objetivo para esta administración no debería ser únicamente llegar al 0,5% del PIB como demanda Intermon Oxfam sino lograr que la ayuda obtenga resultados concretos y no termine en siendo pirotecnia financiera.

El PACI cifra la ayuda oficial al desarrollo en 2.574 millones de euros, lo que supone el 0,31% de la renta nacional bruta, y acerca a España al cumplimiento del compromiso internacional de alcanzar el 0,5% del PIB en el año 2008. El porcentaje de su riqueza nacional que España dedica a la solidaridad con los países más pobres aumentó en 2004, según los primeros datos emitidos por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Según la OCDE, el conjunto de los países donantes incrementó su partida de ayuda oficial al desarrollo (AOD) en el 2004 en un 4,6% con respecto al año anterior, pasando de unos 72.000 millones a algo más de 78.000 millones de dólares. A pesar de esta tímida subida, la ayuda oficial al desarrollo de los países más industrializados se mantiene en el 0,25% de su PIB total, igual al registrado en el 2003.

Fue el mismo Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE, en su último examen de la cooperación española, indicó la enorme dispersión y multiplicidad de actores que intervienen en la cooperación española. Está circunstancia, que tiene el aspecto positivo de la implicación en la cooperación de la sociedad española y sus diferentes administraciones públicas, apunta riesgos evidentes de ineficacia, dispersión e incoherencia en la ayuda española.

Nada se advierte en el nuevo Plan Director de la cooperación española para mitigar estos efectos. Los responsables políticos, a juicio de los expertos, siguen "utilizando" como reclamo la tan ajada cuestión del 0,5% y el volumen de los fondos como si esto fuera directamente proporcional a una efectiva disminución de la pobreza. Parecieran no enterarse de que los países pobres no demandan más ayuda sino más apertura de mercado para poder comercializar sus productos.

Los países en desarrollo han reaccionado de forma indiferente a las cifras de la cooperación española y no es para menos, ya que sus necesidades de crecimiento van mucho más allá de las "migajas" –como las llamó Robles- que puede dar el PACI. Sin recursos de capital, sin emprendedores, sin educación e infraestructura y habiendo dilapidando toda la ayuda prestada a lo largo de las últimas décadas, exigimos que la cuestión demanda por Oxfam pase a un segundo plano y nos concentremos en los objetivos y el destino de la ayuda.

Pensar que la mera ayuda financiera es la clave del desarrollo es ignorar los logros económicos que se han producido en los últimos treinta años. La vieja receta que ha fracasado es, paradójicamente, la que hoy impulsan las ONGs y la ONU en base a llamar "tacaños" a los países ricos inculcándole la mala conciencia y el sentimiento de culpa, olvidando el hecho concreto e irrefutable de que ningún país creció y se modernizó gracias a la ayuda extranjera. Los que lo hicieron alcanzaron la prosperidad adoptando medidas específicas a favor del libre comercio, el ataque a la corrupción y el fortalecimiento de las instituciones democráticas.

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