Europa, Política

La crisis de los balseros de Europa, vista desde la otra orilla

En África y el Oriente Próximo, muchos miles tienen motivos muy fuertes para emigrar, y seguirán cruzando con peligro el Mediterráneo mientras Europa no les abra una vía legal para entrar.

Las noticias sobre muertes de inmigrantes que naufragan cuando intentan arribar a Italia también llegan a África, pero no disuaden a los que esperan su turno en la orilla sur del Mediterráneo o, aún en sus países, ahorran para hacer el viaje.

Tampoco han impresionado mucho o han hecho reaccionar a los Estados de donde proceden los balseros. La determinación de escapar de la guerra, la represión o la pobreza sin esperanzas de mejora es muy firme, y el flujo de balseros, imparable en la práctica. A Europa no le cabe sino rescatarlos, para que mueran los menos posibles en la travesía.

Las oleadas de inmigrantes por mar hacia la Unión Europea (UE) no son un fenómeno nuevo. En otros tiempos afluían a las islas Canarias; en 2008, Grecia pasó a ser la principal vía de entrada; Italia la relevó en 2011 y otra vez desde 2013 hasta hoy.
 
El flujo no cesa, pero registra picos cuando las circunstancias refuerzan los motivos para salir a Europa o aumentan las posibilidades de llegar. En 2011, Túnez fue el punto de salida más importante, porque en el desorden que siguió al derrocamiento de Ben Alí no había vigilancia en la costa.
 

Libia ofrece ahora la salida más fácil. No hay gobierno nacional, no hay vigilancia de fronteras y los guardacostas no patrullan, las milicias rivales que se disputan el país se dejan sobornar por los contrabandistas de seres humanos. De hecho, las tarifas son mucho más bajas: en tiempos de Gadafi, la travesía a Europa –incluidos el traslado desde el país de origen y la manutención durante la espera en Libia– podía costar 5.000 dólares; ahora sale por 1.600 o menos, según unos corresponsales del New York Times que hablaron con traficantes y clientes en Libia. Esto hace que sean más quienes intentan emigrar para salir de pobres. 

La mitad son refugiados

Pero la causa más importante del presente auge es otra. De las personas que el año pasado arribaron ilegalmente por mar a la UE –casi 222.000 según Frontex–, la mayor parte –68.000– provenían de Siria. (Sin embargo, son una exigua minoría de los casi cuatro millones de sirios que han huido de la guerra civil: casi todos están en países vecinos: Líbano, Jordania, Turquía, Iraq, Egipto.) En segundo lugar figuran unos 34.000 procedentes de Eritrea, donde son frecuentes las violaciones de derechos humanos, y más abajo, unos 12.000 de Afganistán y 7.000 de Somalia. Por tanto, la mitad son personas que, en principio, tienen motivo para pedir asilo, y de hecho dos de cada tres lo obtienen en primera instancia.

Es un artículo de Aceprensa

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