Una semana después del referéndum en Irlanda, la Cumbre de Bruselas celebrada los días 19 y 20 de junio, ha aumentado los interrogantes sobre el futuro inmediato de la Unión Europea, al mismo tiempo que ha puesto de manifiesto las discrepancias entre sus miembros.
Editorial
La estrategia de la UE ha sido proseguir con el calendario de ratificaciones, ofreciendo un plazo de tiempo, con fecha de vencimiento el 15 de octubre, al gobierno de Dublín para que presente propuestas concretas que resuelvan “su” problema, que al final ha acabado por ser el de todos.
¿Está capacitada Irlanda para ello? Lo cierto es que tras el resultado del 13J, el gobierno de Brian Cowen ha quedado sumido en una suerte de estado de shock, que no nos permite saber con certeza cómo tiene previsto reaccionar. A ello hay que sumar otro aspecto que hace que minimicemos nuestra confianza: el Tratado contó con el mayoritario apoyo del Parlamento y dentro del mismo, de las grandes fuerzas políticas, con la excepción del Sinn Fein. Por tanto, se trató de un rechazo de la ciudadanía, no de las elites políticas.
¿Deberán el resto de socios ayudar a Irlanda a formular las medidas de resolución? En función de los primeros indicios, pensamos que sí. De nuevo la Comisión Europea deberá actuar “de oficio”. En este sentido, más que en concesiones concretas, desde las instancias comunitarias se debería pensar en mejorar la forma en que el ideal comunitario es explicado a los ciudadanos de los diferentes Estados, en especial de aquellos donde la ratificación es vía referéndum.
Así, el “problema irlandés” sólo ha sido pospuesto pero no solucionado y lo que es más grave, ha dado lugar a la irrupción de nuevos desencuentros entre los 27. Con ello hacemos referencia al proceso de ampliación y en concreto a Croacia. Su candidatura también ha quedado paralizada, apreciándose la influencia de Sarkozy para quien la resolución del NO irlandés es la condición necesaria para proseguir con las nuevas incorporaciones. Controvertido el punto de vista del político francés, que ha contado con la inestimable ayuda de Alemania pero que choca frontalmente con el de Italia, Austria o la República Checa.
En definitiva, nos esperan cuatro meses de negociaciones, unas públicas y otras en privado, para alcanzar algún tipo de solución que sea cual sea, no nos debe hacer perder de vista que cada intento de avance de la UE va acompañado de respuestas negativas por parte de sus destinatarios. Esto no significa que haya una oposición hacia el ideal europeo, sino que éste tiende a ser difícilmente comprensible y lejano, debido a la tendencia a levantar y sostener un entramado institucional sobre el cual es complicado, y en ocasiones imposible, exigirle algún tipo de responsabilidad por sus acciones.
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