Condoleezza Rice fue la primera mujer designada como Asesora Nacional de Seguridad en Estados Unidos.
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Jueves, 19 de febrero 2026
Condoleezza Rice fue la primera mujer designada como Asesora Nacional de Seguridad en Estados Unidos.
Entre los funcionarios dedicados a las Relaciones Internacionales del
gobierno de George W. Bush, Rice es la que posee mayores distinciones académicas
y por su género, origen y juventud, una de las que más se distingue.
Además de ser unos de los miembros más populares de la administración
republicana, Rice pasa casi cada fin de semana con el presidente y su mujer
Laura en Camp David.
Dentro del gabinete, ha sido una de las voces que más ha respaldado los
conflictos bélicos en Afganistán e Irak y la “guerra contra el terror”.
Esto le ha valido el apodo de “princesa guerrera”, pero su verdadero mérito,
según las palabras del propio Bush, es su conocimiento de la política
internacional y su capacidad de explicar los asuntos exteriores de forma clara
al mandatario, quien no tenía gran experiencia en este campo cuando asumió
cuatro años atrás.
Una dura infancia
Rice nació en 1954 y se crió en Birmingham (Alabama, Estados Unidos) bajo la
sombra de la segregación. El racismo estaba tan arraigado en su infancia que
ella reconoce que le parecía algo casi normal.
Su madre era una profesora de música que le enseñó a tocar el piano y su
padre un pastor y profesor de instituto que compartía con ella su entusiasmo por
el deporte.
Cuando tenía ocho años, Rice estaba de pie dentro de la iglesia de su padre
cuando sintió que el suelo temblaba. Una bomba del Ku Klux Klan había explotado
en una iglesia ubicada a pocos metros, matando a cuatro niñas negras, una de
ellas compañera de clase del jardín de infancia.
A menudo Rice comenta que para seguir adelante tuvo que ser “dos veces buena”
y que su infancia hizo que tuviera determinación y amor propio.
Una estudiante ejemplar
En una entrevista a la revista Newsweek, Rice confesó que a pesar de
haber crecido con la segregación racial, sus expectativas personales eran altas.
“Mis padres me convencieron de que quizá no pudiera comer una hamburguesa en
Woolworth, pero sí ser presidenta de los Estados Unidos”, dijo
ella.
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