La falta de racionalidad en las posiciónes planteadas en Irán y Corea del Norte inducen las negociaciones a un estado de escepticismo y de posible decepción
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Miércoles, 10 de junio 2026
La falta de racionalidad en las posiciónes planteadas en Irán y Corea del Norte inducen las negociaciones a un estado de escepticismo y de posible decepción
Editorial
Las negociaciones emprendidas sobre la continuidad de los proyectos nucleares en Irán y Corea del Norte colocan a los países occidentales frente a una encrucijada. Los planes de negociación requieren de la máxima imaginación posible en virtud de la dimensión del problema, y del riesgo que significa este tipo de atribuciones en manos de sistemas autoritarios y antidemocráticos. La falta de control y el uso absolutamente discrecional del poder nuclear constituye la preocupación fundamental de los países centrales a la hora de la puja.
La asunción del fundamentalista presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, y las aspiraciones ilimitadas del dictador norcoreano inscriben el avance de las negociaciones en terrenos imprevisibles. Sin opinión pública y dependientes de la decisión dictatorial, la racionalidad esperada en este tipo de deliberaciones se esfuma frente a toda previsión. Los negociadores europeos y norteamericanos intentan delinear un hilo conductor cada vez más frágil, que no transita por las prácticas convencionales del diálogo. Por el contrario, naufragan en las aspiraciones vastas de quienes por medio de la iniciativa nuclear pretenden realizar su inserción en el mundo civilizado. Lo que Corea del Norte e Irán pretenden es succionar al máximo las ventajas de occidente, siendo incapaces de enriquecer a sus propios ciudadanos y producir una administración de paz y un régimen de libertades.
La Unión Europea había solicitado al gobierno de Irán unos días para presentar una propuesta de cooperación. Su voluntad íntima era reemplazar el proyecto nuclear por programas de integración internacional (y social) establecidos en base al diálogo. Su contraparte contestó anticipando la reactivación de una planta de procesamiento, e instando a Naciones Unidas a que retire la faja de clausura del recinto. Ambos, europeos y funcionarios de Naciones Unidas se vieron sorprendidos y advirtieron que la negociación estaba próxima a su fin. Los resultados de la misma no podrán saberse hasta los próximos días.
La situación norcoreana es diferente en la forma pero similar en el fondo. La rueda de negociaciones liderada por los Estados Unidos se encuentra sujeta a las aspiraciones del líder maoísta cuya trayectoria supone un desprecio sistemático hacia toda intervención racional. Con una población marginada y oprimida, el dictador norcoreano recurre al planteo nuclear como válvula de escape de sus más urgentes necesidades. Y ni siquiera considerando estas últimas privaciones sus ánimos patrióticos encuentran un sosiego. La pobreza generalizada de su población y el atraso de su sociedad no parecen incidir en sus torpes aspiraciones.
Por ello puede hablarse de encrucijada. Porque esta significa ausencia de solución. Implica falta de acuerdo y salida concertada. Supone un tironeo de fuerzas direccionadas en diverso sentido y decepcionantes en cuanto a las expectativas futuras. Los próximos días serán clave para saber qué cauce siguen las deliberaciones pero, ciertamente, no deben esperarse noticias auspiciantes. La necesidad de experimentar una cierta fortaleza y la sensación de liderazgo induce a los promotores nucleares a radicalizar sus posturas. Por ello mismo los acuerdos esperados pueden finalmente no tener lugar.
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