Política

La escalada de violencia en Oriente Medio

El descontrol palestino de las bandas terroristas frustra todo intento de generar un camino de concertación

Editorial
Israel lanzó el sábado ataques aéreos en la Franja de Gaza después de que extremistas palestinos dispararan cohetes contra ese país, hiriendo a cinco personas. En la réplica israelí, un militante de Hamás resultó herido. El ejército dijo que tenía como blanco los depósitos de armas utilizados por el grupo terrorista en la ciudad de Gaza.

El viernes pasado extremistas palestinos habían disparado más de 20 cohetes contra Israel, como respuesta a una explosión durante un desfile militar de Hamás que mató a 15 palestinos y a una incursión militar israelí en Cisjordania que dejó tres militantes de la Yihad Islámica muertos. Pero el estado judío negó cualquier implicación y la autoridad palestina dijo que Hamás por sí mismo causó la explosión.

No obstante, este hecho fue utilizado como excusa para que Hamás ataque nuevamente a Israel. Los terroristas palestinos habían declarado que después de la desconexión de Gaza su negación del Estado judío sería la misma de siempre y apenas tuvieron una excusa lanzaron un ataque que fue respondido con contundencia.

Aquí surgen varias cuestiones, dos de mucho peso. La primera es la falta de encarrilamiento que tiene la política de la ANP en Palestina y su ausencia de poder. Luego de la muerte de Arafat, Abbás parece el malogrado jinete de un caballo desbocado y su impericia para controlar la violencia es patente.

Además, como ha explicado el analista Yossi Beilin, Abbás, es reacio a aplicar la segunda fase de la hoja de ruta, que estipula la creación de un Estado palestino con fronteras provisionales porque teme que esas fronteras provisionales acaben convirtiéndose en permanentes. Consciente de que debe afrontar elecciones el año próximo, su estrategia ha sido cuidar el capital político que le queda y evitar tomar decisiones que lo perjudiquen en los comicios.

En Israel la situación es diferente porque el Gobierno de Sharon, a pesar de las luchas intestinas que existen por el liderato de su partido, tiene a la oposición y los ultraderechistas en un puño, lo cual le permitió realizar la dolorosa desconexión de Gaza con éxito. Además, el ministro de Asuntos Exteriores, Silván Shalom, está realizando históricos acuerdos con sus pares de Pakistán, India, Turquía y Egipto para que Israel deje ser objeto de cólera en el mundo árabe.

En otras palabras, Israel mueve sus fichas dentro de un relativo consenso interno dando a entender que sabe a dónde va y qué es lo que quiere. Gaza ya no es su problema y los palestinos deben saber que, después de la desconexión, hay dos cuestiones que no se tocan: el Muro fronterizo (infame pero necesario) y su negativa a discutir el retorno de los refugiados palestinos. El problema es de Abbás que debe controlar la insurgencia de Hamás si quiere seguir en el poder.

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