Política

La Europa sonámbula recibe a Bush

El presidente de EEUU ha pedido en su primer discurso ante la UE una “nueva era” de la alianza entre Europa y EEUU.

editorial
El presidente de EEUU ha pedido en su primer discurso ante la UE una “nueva era” de la alianza entre Europa y EEUU. El jefe de la Administración estadounidense ha recordado respecto a Irak que “es el momento de que las democracias establecidas den una asistencia política, económica y de seguridad tangible a la democracia más reciente”.

La visita de Bush a Europa está respaldada por la reválida que significan tanto su reelección como el triunfo de la democracia en Irak. El presidente norteamericano tiene claro que el principal objetivo de la acción conjunta EEUU-Europa debe ser Oriente Próximo y que el mapa geopolítico ha cambiado sustancialmente en las últimas semanas. Respecto a Irán, Bush dejó entrever que es probable que sea un objetivo a atacar pero recalcó que “Irán es diferente a Irak y que todavía las conversaciones diplomáticas recién han comenzado”.

Estos conceptos no significan que Bush ha viajado a Europa a mendigar apoyo. Su tono por momentos conciliador estuvo dirigido a reparar las desgastadas relaciones transatlánticas después de la guerra de Irak. Bush pretende que EEUU y la UE conformen una alianza estratégica (de hecho, utilizó 12 veces la palabra “alianza”) que establezca un frente común contra aquellos países “canallas” que generen inestabilidad y desorden en Asia y Medio Oriente. Su desafío es, además, capitalizar el logro que ha significado el inicio del proceso de paz entre Israel y Palestina que Bush y Condoleezza Rice consolidaron a paso firme en los últimos meses.

En su discurso hubo lugar también para palabras duras contra Siria, al que calificó como un “vecino opresor” de Líbano, país en el que Damasco tiene un contingente de 15.000 soldados, del que volvió a pedir la retirada. Este es un nuevo frente que se ha abierto y que amenaza con reabrir viejas heridas del pasado. La masacre con la que una banda terrorista asesino al ex primer ministro Rafia Hariri es todo un síntoma de que el Líbano vuelve a ser un foco de atención permanente para la Casa Blanca.

Según el analista político argentino Jorge Elías, “entre los sirios prima el rencor”. Esto se debe a que luego de una derrota humillante frente a Israel en los Altos de Golán en 1967, el régimen de Damasco, ejercido con mano de hierro por el padre del actual presidente, comenzó a apoyar a grupos extremistas palestinos como Hamas y la Jihad Islámica, así como a Hezbollah y todas aquellos fanáticos que desearan la desaparición del Estado de Israel.

En suma, la aparición de varios frentes de combate –Corea del Norte, Irán, Siria, Líbano e Irak- obliga a Bush a actuar dentro de un unilateralismo de consenso. Esto es lo que vino a ofrecer a una Europa sonámbula, errática y carente de toda estrategia en materia de política exterior, como si más allá de la antigua Constantinopla no esté sucediendo nada preocupante.

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