Política

La globalización beneficia a los países en desarrollo

Un informe del Fondo Monetario Internacional de octubre de 2007 llamado Globalización y desigualdad, deja una clara lección sobre los grandes beneficios que trae consigo la globalización en los países en desarrollo.

ANALISIS-RICARDO LECUMBERRI


Ese beneficio de la globalización puede aprovecharse de la mejor manera practicando reformas orientadas a fortalecer la educación y la capacitación en todos los segmentos de la población, especialmente, entre las personas de menores recursos, para así ayudar a mejorar su ingreso y a salir de la pobreza. 


El efecto más poderoso de la globalización en las desigualdades de ingresos es causado por las transferencias de tecnologías modernas, favoreciendo a los trabajadores con más educación y mejor entrenados. Las otras dos vertientes directas de la globalización que ayudan a mejorar el ingreso de los individuos son el mayor intercambio comercial y los mayores niveles de inversiones extranjeras.  


El FMI en su estudio argumenta que en los últimos 20 años, la desigualdad del ingreso ha aumentado en la mayoría de los países y regiones, aunque la experiencia varía de un país a otro. Sin embargo, el estudio del FMI afirma que “a pesar del aumento observado de la desigualdad, los ingresos se han incrementado en todos los segmentos de la población, incluidos los más pobres. Los ingresos per cápita han aumentado en casi todos los países y regiones para todos los segmentos de la población”. Por lo tanto, en términos absolutos los pobres se encuentran en mejores condiciones durante esta fase de la globalización, aunque los ingresos de los grupos que ya están en estas condiciones han aumentado a un ritmo más rápido.  


Los avances tecnológicos son el factor que más ha contribuido al aumento de la desigualdad, pero la globalización comercial y financiera también ha sido otro factor importante, sobre todo en las economías avanzadas. El progreso tecnológico en sí mismo explica la mayor parte del aumento de la desigualdad desde principios de los años ochenta, lo que coincide con la opinión de que la nueva tecnología, tanto en las economías avanzadas como en las economías en desarrollo, incrementa la prima por nivel de calificación y reemplaza los insumos relativamente poco calificados.  


El FMI afirma que el avance de la integración comercial está vinculado con una reducción de la des-igualdad del ingreso en las economías avanzadas. En las economías en desarrollo, el aumento de las exportaciones y la liberalización arancelaria están relacionados con el mejoramiento de la distribución del ingreso. La inversión extranjera directa ha tenido un efecto similar al cambio tecnológico en la distribución del ingreso, al aumentar la demanda relativa de mano de obra calificada.  


A decir del Profesor Gary Becker, premio Nobel de Economía en 1992, muchos intelectuales y políticos latinoamericanos y africanos critican la globalización y sus resultados, destacando que los países en desarrollo -donde hay más quejas sobre la globalización- son también donde ha fallado la educación. De acuerdo con Becker, un mayor rendimiento de lo invertido en educación no mejora el bienestar en países donde los pobres no tienen acceso a estudios de bachillerato y mucho menos en universidades. La lección que ofrece es que los países en desarrollo tienen que hacer un mayor esfuerzo en que los hijos de familias pobres tengan más acceso a más y mejor educación. Solamente así los pobres podrán beneficiarse de la mayor rentabilidad de la educación que aporta el mayor intercambio comercial y la llegada de tecnologías modernas y capital extranjero a su país.  


Sabemos que la causa de la pobreza no es la desigualdad de los ingresos, sino la incapacidad de los pobres para generar un ingreso suficiente para satisfacer correctamente sus necesidades básicas. En otras palabras: El reto no es que los pobres tengan dinero sino que generen ingreso, situación que puede solucionarse en gran medida con una educación de calidad.  


Para el caso de México, de acuerdo con datos estadísticos de la OCDE, el gasto en educación como porcentaje del PIB aumentó de 5.6% en 1995 a 6.4% en 2004, y está por encima del promedio de la OCDE de 5.8%. Asimismo, el gasto invertido en educación (23.1%) como porcentaje del gasto público es el más alto entre los países de la OCDE y casi duplica al nivel promedio (13.4%). 


Entre 1995 y 2004, el gasto en educación primaria y secundaria en México se incrementó alrededor de 47%, el mayor aumento en la OCDE después de Australia, Grecia, Irlanda, Nueva Zelanda, Polonia Turquía y Reino Unido. El gasto por estudiante ha aumentado 30%. En el nivel terciario, el gasto en educación aumentó alrededor del 68% entre 1995 y 2004 (el promedio de la OCDE es 58%). Después de Turquía, México tiene todavía la mayor brecha entre el gasto por estudian-te de educación primaria que por estudiante de educación terciaria. El gasto por estudiante de educación terciaria es más que tres veces que el gasto por estudiante de educación primaria. 


La mayor parte del gasto educativo en México está ligado al gasto corriente. Cerca del 3.1% del gasto en nivel primaria y secundaria es para gasto en capital, dejando muy poco espacio para mejorar la infraestructura educativa (el promedio de la OCDE es de 9.0%). En el nivel terciario, la proporción del gasto de capital en México es de 3.1%, el más bajo dentro de los países de la OCDE (el promedio de la OCDE es de 10.7%). Inclusive, la mayor parte del gasto corriente en niveles de primaria y secundaria se va a compensación del personal, dejando solo 5.0% para otro tipo de gasto corriente tal como materiales educativos (El promedio de la OCDE es 19.9%). 


Por otra parte, los fondos privados para educación en México, se originan tanto por los hogares como por otras entidades privadas y puede ir tanto a instituciones públicas como a privadas. Aunque la pro-porción del gasto privado en los niveles de educación primaria y secundaria casi no ha cambiado entre 1995 y 2004, incrementó de 22.6% a 31.1% en el nivel terciario de educación (el mayor aumento después de Australia, Italia, Portugal, República Eslovaca y Reino Unido). En niveles de preprimaria donde las proporciones de fondos públicos y privados tienen rangos que van del 100% público en Suecia, al 37.9% público y 62.1% privado en Corea, los fondos públicos en México eran 80.5% en 2004, similar al promedio OCDE de 80.0%.  


¿Se podría afirmar que este mayor gasto en educación ha mejorado el rendimiento y la calidad de la enseñanza en México? La respuesta negativa es contundente. En cada evaluación sobre la calidad educativa (desempeño aritmético, por ejemplo) que realiza el organismo, México obtiene el último lugar, o el penúltimo en el mejor de los casos.  


La educación es el activo más valioso para incrementar la productividad, el crecimiento económico y la calidad de vida de las personas. La situación de México coincide con las conclusiones de la OCDE, ya que para ampliar la cobertura y mejorar calidad educativa, no basta aumentar la inversión en ésta, sino que es primordial mejorar la asignación de recursos, de por sí elevadísimos y eficientar el gasto en lugar de desperdiciar grandes partidas presupuestales de gasto público al sector educativo que en la actualidad sólo alimenta a una obesa estructura sindical y a maestros improductivos.  


Es necesario además, elevar las oportunidades para los pobres de acceder a las escuelas y a la educación de calidad que nuestro país necesita. Es claro que sólo así se logrará la mayor rentabilidad de la educación que aporta el mayor intercambio comercial, la llegada de tecnologías modernas y capital extranjero a México, los tres efectos directos de una mayor globalización.

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Ricardo Lecumberri es economista y corresponsal de Diario Exterior en México

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