No sólo el régimen de Al Assad o la oposición a éste rechazan el trabajo que viene realizando en Siria.
Anuar Malek ha puesto punto y final a su trabajo como observador de la Liga Árabe en Siria y lo ha hecho profiriendo importantes críticas a dicha organización definiendo su trabajo en Siria como una “farsa”. En efecto, Malek hizo esas explosivas declaraciones en las que afirmó que
“lo que he visto es un desastre humanitario. El régimen no está cometiendo sólo crímenes de guerra, sino una serie de crímenes contra su pueblo. Se está secuestrando a gente. Se tortura a los prisioneros, y no se ha liberado a nadie” (
ABC).
El Consejo Nacional Sirio, por su parte, ha informado que “la nueva” estrategia del régimen se basa en asesinar a periodistas independientes para que no puedan transmitir lo que de verdad está ocurriendo (El Universal).
Mientras tanto, la violencia sigue presente en el país africano, sin que la presencia de los observadores de la Liga Árabe la haya reducido, aunque dicha organización ha iniciado una serie de acusaciones a Al Assad de llevar a cabo una campaña maliciosa contra dicha organización (
El Mundo), en referencia a la intervención televisada del dirigente sirio en la que además de decir que la Liga Árabe lleva seis décadas fracasando a la hora de proteger a los árabes, afirmó que su victoria está cercana (
El Periódico). Tampoco se ha salvado la Liga Árabe de las críticas procedentes de la oposición a Al Assad.
En la provincia de Idleb murieron 18 personas, la mayor parte de ellas, opositores (
La Razón). El Papa Benedicto XVI trató de introducir mesura y concordia en la cuestión siria pidiendo la presencia de “observadores independientes” y “el final del derramamiento de sangre” (
Prensa Libre).
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