A pesar de que la bajada de los aranceles en la agricultura no estaba en la agenda de la reunión
de la OMC celebrada en París, lo cierto es que la presión de los países latinoamericanos consiguió que este punto fuese incluido en el orden del día.
Los componentes del G-20 se plantaron antes de la reunión
Según ha confirmado el ministro de economía argentino, Roberto Lavagna, una
treintena de los países que forman la Organización Mundial de Comercio (OMC),
han logrado llegar a un acuerdo en París para comenzar una negociación en la que
se discutirá la rebaja de los aranceles agrícolas. Este avance permitirá
reanudar las negociaciones de la Ronda de Doha que quedaron bloqueadas hace
varios meses.
Uno de los principales escollos para el desarrollo de los
países más pobres es precisamente el arancel aplicado sobre sus productos, lo
que limita enormemente sus exportaciones. De esta manera, y según las
afirmaciones de Lavagna, para lograr que las naciones desarrolladas aceptaran
poner en discusión la espinosa cuestión de los subsidios y las barreras a la
agricultura, los países del G-20 tuvieron que tomar una decisión drástica.
Así, todos sus ministros se negaron a entrar en la sala de reunión a lo
largo de una hora y media, mientras el presidente de la sesión, el ministro de
Comercio de Hong Kong, John Tsang, hacía sonar su campanilla. La medida de
presión dio resultado y los asuntos de agricultura, que estaban fuera de la
agenda, se trataron en la reunión.
La fortaleza del G-20
Para el ministro
argentino, “la negociación agrícola es fundamental” y esta acción demuestra que
el G-20, el grupo antiproteccionista que nació en la Cumbre de Cancún en 2003, y
que lideran Brasil, China, India, Sudáfrica y la Argentina, mantiene una
posición de firmeza frente a los otros grupos negociadores entre los que
destacan EEUU y la UE.
En la reunión se discutió la unificación de los
dos tipos de aranceles aduaneros que hoy rigen el comercio agrícola. A partir de
esa unión se planteará una reducción que permita un mejor acceso de los
productos de las naciones pobres a los pudientes mercados de los países
desarrollados. La nueva fórmula matemática recogió, según explicó Lavagna, un
82,5% de lo que pretendía el G-20 y sólo 17,5% de las potencias.
Finalmente, el ministro argentino consideró que, más allá de “haber
desbordado la negociación, todavía falta mucho por discutir. Pero contar con un
acuerdo global no es una cuestión menor para el Mercosur ya que se trata de una
región netamente exportadora de productos agrícolas, y hay varias negociaciones
pendientes de ésta, como la conformación del ALCA y el pacto con la UE”.
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