Escándalos sexuales y monetarios y un régimen político y mundial que nada tiene que ver con el que regía en su formación son los principales escollos a los que se tiene que enfrentar la ONU, organización que dirige Kofi Annan, quién ya ha reconocido los errores cometidos.
EN EL OJO DEL HURACÁN
No corren buenos tiempos para la Organización de Naciones Unidas (ONU). El
rápido transcurso de acontecimientos que han cambiado el orden social
internacional establecido, sobre todo, desde la caída del comunismo y con la
amenaza del terrorismo islámico que golpea a escala internacional, han hecho que
el papel de la Organización haya tenido que ir adaptándose, casi improvisando, a
las circunstancias.
Su nacimiento, en 1945 en San Francisco, fue posible
después de que 51 países, con el empuje de Roosevelt y Churchill, decidiesen que
debían trabajar juntos para evitar los horrores de la guerra cometidos por el
nazismo, fueron los motivos originales de esta organización, cuyos propósitos
buscaban la libre determinación de los pueblos, generar iniciativas para
promover el desarrollo económico y social de los pueblos, estimular el respeto a
los derechos humanos y defender la libertad de los pueblos del mundo.
Estructura interna
Dentro de su
estructura organizativa existen dependencias que se encargaron de hacer cumplir
sus postulados. Tales son los casos de Unicef o Fondo para la Infancia que
desarrollan proyectos, especialmente en el tercer mundo, para proteger a los
niños abandonados o víctimas de la explotación laboral o sexual y de la
violencia política. La Unesco es otra de sus dependencias que ha realizado y
promovido proyectos educativos, científicos y tecnológicos, aunque con poca o
ninguna difusión.
También, los altos comisionados para los refugiados
que abandonan sus tierras por los conflictos entre la guerrilla y los estados
legítimamente constituidos, prestan una gran labor, aunque no la suficiente que
se espera. A través de la FAO, órgano que tiene como objetivo ayudar a los
países a aumentar la producción de alimentos, la ONU se ha hecho presente en
aquellos países paupérrimos. Pero sobre todo, su Tribunal de Defensa de los
Derechos Humanos ha intercedido en algunos casos de claro y fragante irrespeto a
estos derechos.
Reestructuración
interna
A lo largo de los 60 años de existencia del organismo no
pueden negarse las buenas acciones que ha llevado a cabo, sin embargo, en este
momento, los escándalos y la acusación de ineficacia de diversos países acosan a
esta institución, incluso han llegado a poner en entredicho el papel de su
secretario general, Kofi Annan.
Vista esta situación, el propio
secretario general ha convocado una comisión que plantee la reestructuración del
organismo internacional, partiendo de la base de que el planeta está imbuido en
un nuevo orden y concepto de paz y seguridad mundial. Esta comisión fue
organizada para formular sugerencias destinadas a resolver la traumática
experiencia del Consejo de Seguridad, que en su momento no logró evitar la
confrontación en Iraq, sino además resolver el dilema que la ONU ha debido
enfrentar desde su fundación: el derecho de sus estados constituyentes a
defenderse de la agresión externa y el derecho de sus ciudadanos a protegerse
contra la violencia eventual de su propio estado.
En este punto Kofi
Annan formuló diversas interrogantes que debían ser asumidas por la comisión:
¿Cómo formular un concepto de seguridad global que facilite la protección de la
comunidad internacional respecto de la amenaza del terrorismo internacional?,
¿cómo ejercer un control efectivo sobre la proliferación y tráfico ilegal de
armas de destrucción masiva?, ¿pueden ser las intervenciones militares
preventivas conducentes a la eliminación de tragedias y conflictos mayores?,
¿quién decide sobre el cuándo y el cómo de su utilización?, ¿cómo compatibilizar
el principio de soberanía de los estados con el derecho de protección de sus
ciudadanos cuando ellos son víctimas de la violencia de sus propios estados?
Conclusiones de la comisión
Las
conclusiones de esta comisión se publicaron en noviembre del año pasado en un
informe que establece, entre otros principios, la necesidad de modificar la
representatividad, aceptar que, quizá, la violencia militar puede ser más
necesaria ahora de lo que se preveía en los años de la fundación de la
organización, se reconoce el principio de defensa preventiva y prevalece el
derecho de los individuos sobre el de los estados, cuando éstos atentan contra
los derechos humanos.
También se establecen cinco criterios
fundamentales que deben ser considerados por el Consejo de Seguridad antes de
autorizar y aceptar un conflicto armado o de intervenir frente al genocidio:
claridad sobre las dimensiones reales del conflicto, claridad absoluta sobre la
capacidad de la intervención militar para detener el conflicto o disuadirlo,
seguridad sobre el hecho de que la intervención militar es la última opción
posible, acciones militares proporcionales a la naturaleza del conflicto y que
no excedan sus límites y una posibilidad razonable de tener éxito en el sentido
de lograr el objetivo de la pacificación.
Este trabajo, deberá formar
parte de la base de un documento que elaborará el propio Kofi Annan, cuya
entrega se espera próximamente, y que constituirá la base política de la
reestructuración de la ONU y el Consejo de Seguridad. Esto deberá ser aprobado
por una conferencia mundial de jefes de Estado que está programada para
septiembre de este mismo año.
Otros
escándalos
Estos son algunos de los interrogantes a las que debe
enfrentarse este organismo en su quehacer práctico y teórico, pero, ni mucho
menos, son sus únicas preocupaciones. La corrupción, también ha llegado a las
estructuras de la ONU.
El pasado 22 de febrero, el propio secretario
general afirmaba que “he hecho, y sigo haciendo, todo lo que puedo para corregir
sus imperfecciones y para mejorar y fortalecer a la ONU”, consideró Annan. “Y
creo profundamente en la importancia de esa tarea porque una ONU fuerte es de
vital importancia para la humanidad”.
Annan citó el importante papel del
organismo mundial en la coordinación de los esfuerzos asistenciales
internacionales emprendidos después del desastre del tsunami en el Océano Indico
y mencionó su éxito en la ayuda proporcionada a los iraquíes en la organización
de las elecciones del mes pasado.
Sin embargo, estas acciones, no han
hecho sombra a los escándalos que en los últimos meses han salpicado a la
organización. Primero fue el asunto del Programa Petróleo por Alimentos en Iraq,
que podría ser, según el senador estadounidense Coleman el mayor fraude en la
historia de la organización. Un informe presentado por la comisión Coleman
ofrecía diversas pruebas que certifican que el gobierno de Iraq recibió
ilegalmente algo más de 21 mil millones de dólares como resultado del programa
de la ONU, que le permitían burlar las sanciones internacionales impuestas.
También el director de este programa, Benon Sevan, fue expedientado a
principios de febrero por haber incurrido en “una conducta éticamente
inapropiada que socava seriamente la integridad de la ONU al pedir al gobierno
de Sadam Hussein asignaciones de petróleo a favor de la empresa suiza AMEP”.
Ante estas situaciones, el gobierno de Estados Unidos ya ha anunciado
que se deben establecer las responsabilidades necesarias, aspecto imprescindible
para que la Administración estadounidense siga dando apoyo económico a la
organización. Este aspecto no es baladí si se tiene en cuenta que EEUU solventa
el 22% del presupuesto total de las Naciones Unidas.
Los ignorados por la ONU
Otro aspecto criticable
a la organización es que en el mundo ha habido crímenes de guerra y contra la
humanidad que han sido ignorados por la ONU. Tal es el caso de Colombia, en
donde el representante de la ONU sólo procesaba las denuncias contra el Estado y
quería tener tanto o más poder que el presidente colombiano, hasta llegó a
asumir conductas contra el Estado, lo que obligó a ese país a pedir su salida.
Igualmente han surgido déspotas en Chile, Argentina, Haití, en el sudeste de
Europa (Bosnia) y en África, pero la ONU no hizo nada para evitar las muertes y
las desapariciones que tienen en sus haberes esos sanguinarios.
No
obstante, Zimbabwe donde su presidente prohibió la presencia de organizaciones
que defienden los derechos humanos; China, país comunista (y semicapitalista)
que no respetó los derechos humanos de disidentes, intelectuales y
universitarios; y Cuba, la de los intelectuales presos en condiciones
infrahumanas por pedir democracia, estos tres países hoy son miembros del
Tribunal Internacional de los Derechos Humanos de la ONU.
Abusos entre los más necesitados
Y eso, por no
hablar de los casos destapados recientemente de abusos sexuales cometidos,
precisamente, por los cascos azules, el “ejército” que debería evitar que estos
actos se cometiesen en países en conflicto. Ante la magnitud e importancia de
estos delitos, cometidos por miembros de la propia organización ya se han
establecido medidas de actuación como un informe que propone que los acusados
sean sometidos a juicio en el país donde se presentaron las denuncias.
Esta es una de las ideas incluidas en el informe elaborado por el
embajador jordano ante la ONU, Zeid al Hussein con el objetivo de evitar que los
cascos azules abusen de aquellas personas a las que se supone han de proteger.
Normalmente, los cascos azules acusados de este tipo de comportamientos
son enviados a sus países de orígen para ser juzgados por las autoridades
nacionales y con mucha frecuencia no reciben ningún tipo de castigo. De acuerto
con el informe de Zeid, un soldado acusado de delito no será enviado a casa,
sino que será juzgado por un tribunal dirigido por militares de su propio país,
pero en el Estado donde tuvo lugar la acusación.
De acuerdo con la
política tolerancia cero de Annan en casos de abusos sexuales, la número dos de
la Secretaría General, Louise Frechette, ha realizado varias visitas a las
diferentes misiones de paz de la ONU en África.
Otro borrón en el
cuaderno de las Naciones Unidas es el anterior dirigente de ACNUR, Ruub Lubbers,
acusado de acoso sexual a una funcionaria. Además, a raíz de esta denuncia,
otras salieron a la luz, lo que hace el caso algo más grave y continuado. Mea
culpa y remedio
Igual que un padre que asume la pérdida de la inocencia
de sus hijos, y que éstos son capaces de realizar malas acciones, al margen de
la educación familiar, Annan ya ha admitido que la ONU está lejos de ser
perfecta y señaló que en sus ocho años al frente de la organización ya ha hecho
mucho para lograr que sea más coherente y eficiente, “sin embargo, soy el
primero en admitir que fallas reales e inquietantes, errores éticos y laxa
administración, han sido sacados a la luz”. En este contexto, el secretario
general considera que “ahora es necesario hacer a la ONU más transparente y
responsable, no sólo ante los diplomáticos que representan a los gobiernos
miembros, sino también directamente ante el público”.
Este punto es
imprescindible, ya que como vaticina el propio Annan, “la ONU no puede esperar
sobrevivir en el siglo XXI a menos que la gente común y corriente del mundo crea
que, en efecto, la organización hace algo por ella: que ayuda a protegerla del
conflicto, pero también de la pobreza, el hambre, la enfermedad y la erosión de
su medio ambiente natural”.
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