Política

La oposición critica duramente la intención de Blair de hacer alguna cesión en el llamado “cheque británico”

El primer ministro británico, Tony Blair, ha apuntado su disposición a ciertas concesiones en relación con el llamado cheque británico en beneficio exclusivo de los nuevos miembros de la UE, lo que ha puesto inmediatamente en pie de guerra a la oposición, que le acusa de traicionar los intereses del país.

Lo acusan de traicionar los intereses del país
El líder laborista insinuó que Gran Bretaña podría renunciar a una parte de la devolución presupuestaria que le hace todos los años Bruselas con tal de lograr, a mediados de mes, un difícil acuerdo sobre las perspectivas financieras de la UE para el período 2007-2013.

Esa devolución, conseguida por la primera ministra conservadora, Margaret Thatcher hace ya veintiún años, representa actualmente para el Reino Unido un ahorro anual de cerca de 6.000 millones de euros.

Los conservadores y los pequeños partidos más a la derecha del espectro político británico acusan a Blair de hacer concesiones sin obtener a cambio seguridades de que París vaya a aceptar una reforma de la Política Agrícola Común (PAC).

El portavoz para asuntos europeos del Partido Conservador, Graham Brady, afirmó anoche que las propuestas del líder laborista significan “un incumplimiento de sus compromisos electorales y son malas para el Reino Unido”, que renuncia así a “su principal baza sin ver progresos en la PAC”.

Los más beneficiados

Hasta ahora, Blair había calificado públicamente el cheque británico como “no negociable” y había insistido en que no aceptaría que se tocara si los franceses se empeñaban en defender la PAC en su estado actual, lo que parecía augurar un nuevo fracaso en las negociaciones sobre la futura financiación de la UE.

Ahora todo apunta, sin embargo, a que el Gobierno laborista se dispone a aceptar que se excluya el gasto en los fondos estructurales y de cohesión de la UE para el cálculo de la rebaja que le corresponde al Reino Unido.

Otra posibilidad en estudio consistiría en no tocar el cheque, pero hacer a cambio una nueva contribución anual para ponerse así en línea con los otros grandes de la UE.

Cualquier de las dos opciones supondría para los contribuyentes británicos un gasto adicional del orden de 1.500 millones de euros anuales entre los años 2007 y 2013.

Si el Reino Unido no permitiese que se tocara el cheque, su contribución a Bruselas se reduciría a un 0,23 por ciento de su PIB anual en esos años, aproximadamente la mitad de la aportación francesa.

De mantenerse todo como hasta ahora, en 2013 Gran Bretaña sería el segundo país que menos contribuyese a las arcas comunitarias pese a haberse convertido en uno de los más ricos. Ello significa que los quince viejos miembros de la UE terminarían pagando más por una ampliación al Este que en términos políticos parece beneficiar al Reino Unido más que a nadie.

En efecto, Londres ha creído siempre que, con la experiencia comunista a sus espaldas, los países de la Europa central y del Este serán más atlantistas y estarán más abiertos a la idea de la UE como zona de libre mercado, lo que los convierte en aliados potenciales en futuras batallas en Bruselas.

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