Política

La prensa española rechaza la postura del Gobierno castrista

Las diferencias están en los matices y en las interpretaciones, pero el hecho en sí es reprobado por todos los periódicos españoles.

EXPULSIÓN DE MORAGAS
“El incidente representa un torpedo en la línea de flotación de la política de
José Luis Rodríguez Zapatero hacia Cuba”. Con esta falta de paliativos juzgó
ayer el hecho el columnista Peru Egurbide en El País. Además, puntualizó
en su artículo que “más allá de las reacciones cubanas adversas que provocará la
obligada intervención de las autoridades españolas en apoyo del parlamentario
vejado, ¿quién puede pensar en pedir a Bruselas que relaje sus medidas de
presión contra el régimen castrista cuando dos diputados de Holanda, país que
ostenta ahora mismo la presidencia de la UE, han recibido el mismo maltrato que
Moragas?”.

Una línea similar fue la seguida ayer por ABC, que
tituló su información principal al respecto señalando que “Castro
agradece a Zapatero su vuelta al diálogo expulsando a un diputado del
PP”.

El diario madrileño hace hincapié en el hecho de que la embajadora
cubana repitió “el mensaje emitido en un comunicado desde Cuba pocas horas
después de la expulsión de Moragas. Para La Habana, éste intentó entrar en Cuba
«fraudulenta e ilegalmente». Calificó al diputado español de «acérrimo enemigo
de la revolución cubana» y denunció que su llegada a Cuba tenía «la encomienda
de ofrecer «respaldo y solidaridad» a los mercenarios que operan en nuestro
territorio a sueldo de los Estados Unidos”.

Por su parte, Ignacio
Camacho, en un artículo titulado “Más se pierde en Cuba”, en su afán por distanciarse de las
políticas de José María Aznar, Zapatero “ha postergado incluso su confesada
antipatía personal por el dictador cubano para hacerle a su satrapía un guiño de
complicidad en el intento de liderar una mayor flexibilidad de la dura actitud
de la Unión Europea”. Sin embargo, señala que el Gobierno “ha pecado de
ingenuidad, en el mejor de los casos, al confiar en que sus gestos produzcan
contrapartidas de generosidad o ablandamiento en la rocosa represión castrista,
tantas veces inmune a toda súplica, y cuyos arúspices encuentran siempre el modo
de justificar retóricamente sus continuas y feroces vueltas de tuerca”.


En su opinión, “lo que la maniobra de Moragas -respaldada desde la FAES
que pilota el ex presidente Aznar- ha dejado claro es la contradicción inherente
a la política de gestos comprensivos emprendida por Zapatero y manifestada por
el embajador con ocasión de la Fiesta del 12 de Octubre”.

Para La
Razón
, el “compañero Fidel” ha devuelto a Zapatero el favor de iniciar un
acercamiento “con una bofetada diplomática”. En su editorial de
ayer
advierte de que “si Castro, experto en administrar los tiempos a su
medida, apuesta ahora por mantener una tensión, cabe pensar que favorece a sus
verdaderos intereses. Porque sabe perfectamente que no pasará demasiado tiempo
antes de que pueda fotografiarse, fundido en un abrazo hipócrita, con el
Gobierno de Zapatero, mientras recibe otro generoso cheque que empleará en
seguir aplastando a los cubanos”.

En El Periódico el periodista
Carlos Carnicero, conocido por su vinculación con la isla, prevé que “la sangre
no llegará al río, el PP armará su política de firmeza y el PSOE deberá inventar
atajos para cambiar la posición común europea. Mientras, 7 de lo 75 disidentes
ya han sido excarcelados, pero el goteo promete ser lento y agotador. Sobre todo
para quienes siguen presos”.

Por lo que se refiere al diario vizcaíno
El Correo, recuerda en su editorial de ayer a Zapatero que “existe una política
común europea de la que no puede desmarcarse unilateralmente y que se arriesga a
que sus esfuerzos sean mal comprendidos en la UE y que la propia oposición
democrática cubana pierda la confianza en el Ejecutivo socialista”.


También La Vanguardia ha lamentado el incidente, señalando que
“el veto cubano a la entrada a tres diputados europeos debe ser reprobado sin
reserva alguna. La política del anterior gobierno, que echó por la borda el
papel mediador que jugaba la diplomacia española en la isla, no autoriza al
actual gobierno a situar el diálogo con el régimen de Castro por delante de la
defensa de los derechos humanos y las libertades. Todo cambio en la orientación
de la política española y europea debe supeditarse a una apertura real del
régimen”.

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