Hillary tiene esta oportunidad entre sus manos. La posibilidad de salir del horror. Y de que un pequeño gesto suyo sea un gran gesto para la comunidad internacional. Y, más significativamente, para israelíes y palestinos.
Comentario
La visita de la nueva secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, a Medio Oriente no puede menos que despertar esperanzas. No tanto por su reconocida habilidad para maniobrar en espacios políticos reducidos, sino porque la situación allí no podría estar peor. Es como esas situaciones de crisis terminal en la que cualquier mejora se manifiesta pronunciadamente, pero que luego hay que sopesar.
Hillary va allí a reunirse con los conocidos de siempre. La autoridad palestina y los representantes del estado de Israel. Los sentará en una misma mesa, o intentará hacerlo, y les pedirá que detengan la sangría. Que paren de agredirse incesantemente y que acuerden una lista de condiciones para encarar la paz. Pero este pedido, común en cada administración americana, cuenta con un obstáculo adicional: la intervención de una organización terrorista llamada Hamás.
Hemos escuchado en la prensa, y Diario Exterior ha dado cuenta de ello, que Hamás es un grupo de activistas palestinos o de reivindicaciones islamistas, con genuinas ideologías. Pero escondiendo lo que en el fondo es esta célula: un movimiento terrorista verticalmente organizado para provocar daño a través de la acción fanática. Un grupo al que los especialistas en terrorismo diferenciarían del verdadero Islam (con mayúsculas).
Allí estará Clinton. Conversando con unos y otros. Proponiendo nuevas fronteras para la creación de un estado palestino –como lo declaró el enviado de Obama a la región- pero intentando definir un patrón de conducta que permita, fundamentalmente, el mantenimiento de la paz. Y ello implicará acorralar el fundamentalismo de Hamás que ha escondido sus pretensiones bajo la pantomima de una elección democrática que esconde el profundo temor de esa sociedad.
Específicamente, Clinton prometerá una ayuda de 900 millones de dólares para la reconstrucción de Gaza, aunque condicionando el paquete a que los palestinos cumplan las condiciones del cuarteto para Medio Oriente (Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y Naciones Unidas). Es decir, frenar los ataques furtivos sobre la población israelí.
Las bases del acuerdo tienen además la complicación de la situación política en Israel. Tanto Netanyahu como Livni no alcanzan el acuerdo que los norteamericanos pensaron que llegaría antes del viaje de Clinton. La situación estaba pensada para que los interlocutores que tuviese Hillary fueran definitivos. Pero ni de un lado ni de otro puede ofrecerse esta perspectiva. Como casi siempre ha sucedido.
El panorama es oscuro pero, como indicamos al principio, todo puede ser mejor que lo muy malo. La más pequeña luz puede mejorar una situación de agravio constante y motivo de infinitos sufrimientos. Hillary tiene esta oportunidad entre sus manos. La posibilidad de salir del horror. Y de que un pequeño gesto suyo sea un gran gesto para la comunidad internacional. Y, más significativamente, para israelíes y palestinos.
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