Kofi Annan presentó un ambicioso paquete de reformas con el fin de dotar de confianza a una organización que está en sus horas más bajas
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Jueves, 19 de febrero 2026

Kofi Annan presentó un ambicioso paquete de reformas con el fin de dotar de confianza a una organización que está en sus horas más bajas
EDITORIAL
Sin la menor sombra de autocrítica, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, presentó un ambicioso paquete de reformas con el fin de dotar de confianza a una organización que está en sus horas más bajas, a pocos meses de cumplir su sesenta aniversario.
Annan ha focalizado su propuesta en base a los nobles objetivos de reducir la pobreza, reforzar la seguridad colectiva y el respeto de los derechos humanos. Son insignes metas que tienen como fin lavar la cara de una institución que en los últimos tiempos era noticia sólo por sus escándalos, su corrupción y su falta de transparencia.
Un repaso a las “reformas” que propone Annan muestra, en primer lugar, un concepto difuso de “amenaza a la seguridad internacional” al definirla como “como cualquier evento o proceso que conduzca a la pérdida de vidas en gran escala y que erosione a los Estados como la unidad básica del sistema internacional”.
Todavía más imprecisa es su propuesta cuando se constata que, para Annan, la seguridad internacional incluye desde el SIDA hasta la degradación ambiental, pasando por la pobreza y reafirmando la necesidad de intervención en caso de genocidio o limpieza étnica. Luego del fracaso de la ONU en Ruanda o Darfur, cuesta dotar de credibilidad a las intenciones del secretario general.
El informe de Annan reconoce la posibilidad de una intervención militar en caso de una amenaza real inminente pero, dado que, después de 12 convenciones, los estados miembros del Consejo de Seguridad siguen sin ponerse de acuerdo sobre qué es terrorismo, intuimos que esta es una disposición que seguramente quedará en la nada.
Por último, se propone la expansión del Consejo de Seguridad mediante dos modelos: uno con seis nuevos miembros permanentes sin poder de veto y tres no permanentes y otro con nueve nuevos miembros no permanentes. Ahora bien, si los 16 autores del informe no se pudieron poner de acuerdo en este crucial punto, mucho más difícil es que lo hagan los 191 componentes de los Estados miembros.
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